Carlos Díaz | Redacción Vigo al Minuto
Vigo tiene un problema que no se explica únicamente por cuánto cobran sus trabajadores, sino por lo que pueden hacer con ese sueldo. Las nóminas han aumentado en los últimos años, pero el precio de la vivienda lo ha hecho a un ritmo muy superior, reduciendo la capacidad real de los trabajadores para acceder a una casa y obligando a muchos hogares a destinar una parte cada vez mayor de sus ingresos a la vivienda.
Los cálculos del Observatorio Zeres sitúan el incremento del precio medio de la vivienda en Vigo por encima del 30% durante los últimos cinco años, mientras que los salarios recogidos en los principales convenios de la ciudad han aumentado algo más de un 17%. Otras estimaciones elevan el crecimiento salarial general hasta el 21%, pero la distancia respecto al mercado inmobiliario sigue siendo considerable.
La brecha no es exclusiva de Vigo. En Galicia, el alquiler aumentó un 27,1% entre 2021 y 2024, mientras que los salarios crecieron un 8,9%, según un estudio de Fotocasa e InfoJobs. En 2024, además, el alquiler avanzó un 9,3% frente a un incremento salarial del 0,9%.
La consecuencia es que tener un empleo ya no garantiza la misma capacidad para acceder a una vivienda que hace unos años.
Una vivienda cada vez más alejada del sueldo
El mercado inmobiliario vigués continúa encareciéndose. Los datos de precios publicados por Idealista sitúan el metro cuadrado de vivienda en venta en Vigo en torno a los 2.500 euros durante los primeros meses de 2026, con una evolución interanual todavía al alza.
En el alquiler, la presión tampoco se ha relajado. El precio medio alcanzó los 11,9 euros por metro cuadrado en febrero de 2026, con un incremento interanual superior al 11%.
La comparación resulta especialmente relevante porque el salario no puede analizarse de forma aislada del coste de la vivienda. Una nómina que crece un 17% pierde capacidad de compra si el principal gasto de un hogar aumenta más de un 30%.
Es precisamente esa pérdida de retorno económico la que Fabián Velero, CEO de Zeres Abogados, considera uno de los problemas estructurales que afectan al mercado laboral de Vigo.
«El retorno económico y vital del trabajador se ha desplomado», sostiene Velero, que vincula esta situación con dos características especialmente presentes en la ciudad: el peso de la industria y el fuerte incremento del precio de la vivienda.
La cuestión no es, por tanto, únicamente si los salarios han subido, sino si han subido lo suficiente para mantener el nivel de vida que proporcionaban antes.
Pontevedra necesita hasta 8,5 años de sueldo para una vivienda
La presión sobre la vivienda se extiende al conjunto de la provincia. En Pontevedra, el esfuerzo necesario para adquirir una vivienda media puede alcanzar los 8,5 años de salario bruto, según los datos recogidos en el análisis de Zeres.
El dato permite dimensionar un problema que afecta especialmente a quienes no cuentan con vivienda en propiedad, ahorros familiares o dos ingresos elevados en el hogar.
En Galicia, otros estudios ya sitúan el esfuerzo para adquirir una vivienda tipo en 7,2 años de sueldo íntegro.
La situación también afecta al alquiler. El 56% de los hogares gallegos destinaba en 2026 más del 30% de sus ingresos al pago de la renta, según el V Observatorio Cofidis de Economía. El coste de la vivienda ha llevado además a la mitad de los gallegos a modificar alguna decisión residencial: desde trasladarse a municipios más alejados hasta optar por viviendas más pequeñas o retrasar la emancipación.
En Vigo, esa presión está contribuyendo a desplazar parte de la demanda hacia municipios del área metropolitana, donde todavía existen alternativas relativamente más económicas.
Un problema que va más allá de la vivienda
La pérdida de poder adquisitivo tiene además una dimensión laboral. Vigo mantiene un fuerte peso de sectores industriales y productivos en los que las condiciones de trabajo, la edad de las plantillas y la exigencia física tienen un impacto sobre la salud de los trabajadores.
Es en este punto donde aparece el absentismo laboral, aunque no como explicación única de la situación, sino como otro indicador del desgaste que soporta parte de la población trabajadora.
Galicia se encuentra entre las comunidades con mayores niveles de absentismo y la provincia de Pontevedra figura entre las que concentran un mayor número de jornadas perdidas por incapacidad temporal. En sectores como la industria, además, el problema adquiere especial relevancia.
Velero considera que factores como la edad de las plantillas, las listas de espera sanitarias o las condiciones físicas del trabajo pueden contribuir a aumentar tanto el número como la duración de las bajas. Pero pone el foco especialmente en la salud mental.
«Si conjugamos el factor de la salud mental con el del retorno salarial, el hecho de que los salarios no garanticen una expectativa razonable de mejora sociolaboral a medio plazo es inseparable del síndrome del trabajador quemado», afirma.
La relación no permite establecer que el encarecimiento de la vivienda sea por sí mismo una causa del absentismo. Intervienen otros factores laborales, sanitarios y demográficos. Pero sí dibuja un contexto en el que trabajar no necesariamente se traduce en una mejora proporcional de las condiciones de vida.
Y ese es el problema de fondo para Vigo: una ciudad con un potente tejido industrial, empleo y capacidad para generar actividad económica, pero en la que una parte creciente de esos trabajadores encuentra cada vez más difícil convertir su salario en algo tan básico como una vivienda.
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