La Comisión Europea ha instado a los Estados miembros a adoptar medidas para ahorrar combustible ante el fuerte impacto energético causado por el ataque a Irán de Estados Unidos e Israel. Según estimaciones del Ejecutivo comunitario, el conflicto ha supuesto un coste de 14.000 millones de euros en los precios de la energía durante su primer mes.
El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, advirtió de la gravedad de la situación al término de una reunión extraordinaria de ministros del ramo. “Nos enfrentamos a una situación muy seria. No hay que hacerse ilusiones de que será corta”, señaló, subrayando la necesidad de actuar con anticipación.
Un incremento del 70% en el precio del gas y un 60% el del petróleo
Desde el inicio del conflicto, los precios del gas han aumentado un 70% y los del petróleo un 60%, lo que refleja la fuerte volatilidad del mercado energético global. La situación se ha visto agravada por tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, clave para el comercio internacional de hidrocarburos.
Ante este escenario, Bruselas ha pedido a los Veintisiete que adopten medidas voluntarias para reducir el consumo de queroseno y diésel, especialmente en el sector del transporte, y que mantengan a pleno rendimiento sus refinerías. Además, ha recomendado aplazar mantenimientos no urgentes y fomentar el uso de biocarburantes.
Pese a la escalada de precios, la Comisión Europea insiste en que la seguridad del suministro está garantizada gracias a las reservas obligatorias de los Estados miembros y a los planes de contingencia existentes. A ello se suma la liberación de más de 400 millones de barriles de reservas estratégicas coordinada por la Agencia Internacional de la Energía, de la que la UE aporta alrededor del 20%.
Teletrabajo, reducción de velocidad, impulso del transporte público y uso compartido del coche
Sin embargo, ante la previsión de que la guerra no finalice a corto plazo, Jørgensen ha reclamado medidas adicionales de ahorro energético. Entre ellas, destacan recomendaciones como el teletrabajo, la reducción de la velocidad en autopistas, el impulso del transporte público y el uso compartido del coche.
También se plantea limitar el uso de vehículos privados mediante sistemas de rotación por matrícula en grandes ciudades, evitar viajes en avión cuando existan alternativas y mejorar la eficiencia en la conducción. Estas propuestas se basan en un plan de diez puntos publicado por la Agencia Internacional de la Energía.
La Comisión Europea ha pedido además a los Estados miembros que informen de cualquier riesgo o alteración en el suministro de petróleo, así como de cambios en las reservas comerciales. En paralelo, recomienda evitar medidas que puedan aumentar el consumo o restringir la libre circulación de productos petrolíferos dentro del mercado comunitario.
Este giro en la estrategia comunitaria refleja una creciente preocupación no solo por los precios, sino también por la estabilidad del sistema energético europeo en un contexto de conflicto prolongado en Oriente Medio.
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