Cultura

Menores hiperconectados: el 69% ya tiene móvil y más de la mitad sufre ansiedad cuando se les limita el acceso

El 42% entra en internet antes de los 8 años

Antes de cumplir los 10 años, una parte significativa de los niños en España ya vive conectada de forma permanente. El acceso temprano a internet y al teléfono móvil se ha normalizado hasta el punto de que el 69,6% de los menores de 15 años dispone de un smartphone propio, mientras que el 42% entra en internet antes de los 8 años. A los doce, más de dos tercios navegan a diario y, a los 15, el 96% está conectado de forma habitual.

Este uso intensivo de la tecnología no es neutro. Más del 80% de los menores pasa al menos una hora diaria frente a pantallas, y casi uno de cada cinco supera las cinco horas los fines de semana. Las consecuencias empiezan a ser visibles: el 53,3% de los menores reconoce sentir ansiedad o estrés cuando se les limita el uso del móvil, una señal clara de dependencia emocional que preocupa a familias, docentes y especialistas en salud infantil, apuntan desde SaveFamily.

Un contexto que explica la prohibición de redes sociales a menores de 16 años

Este escenario sirve de telón de fondo al anuncio del Gobierno de España de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, una medida que deberá concretarse normativamente pero que apunta a un problema de fondo: la exposición de niños y adolescentes a entornos digitales diseñados para adultos, basados en la hiperconectividad, la validación constante y el consumo ilimitado de contenidos.

La iniciativa española se alinea con una tendencia internacional. Países como Australia ya han aprobado leyes que restringen el acceso a determinadas plataformas a menores, mientras que Francia, Italia o Reino Unido han endurecido las limitaciones del uso del móvil en el ámbito escolar. El objetivo común es reducir riesgos asociados a la salud mental, la adicción digital y el impacto en el desarrollo cognitivo y social.

Ansiedad, distracción y bajo rendimiento escolar

Las cifras confirman lo que muchas familias y docentes observan a diario. Casi el 38% de los hogares alerta de un impacto negativo en el rendimiento académico asociado al uso de móviles y redes sociales. La atención fragmentada, la dificultad para concentrarse y la baja tolerancia a la frustración aparecen como efectos recurrentes de la hiperconectividad temprana.

“El problema no es la tecnología en sí, sino la falta de límites claros y de una introducción progresiva acorde a la edad”, señalan desde el ámbito de la educación digital. El móvil, cuando llega demasiado pronto, corre el riesgo de convertirse en un regulador emocional: calma, entretiene y distrae, pero también genera dependencia y dificulta el desarrollo de habilidades sociales fuera de la pantalla.

Alternativas al smartphone: crecen los relojes inteligentes infantiles

Ante este contexto, muchas familias buscan soluciones intermedias. La demanda de relojes inteligentes infantiles ha crecido un 40% en los últimos años, impulsada por padres que quieren retrasar la entrega del smartphone sin renunciar a la comunicación y la seguridad. Estos dispositivos permiten llamadas controladas, geolocalización y funciones de emergencia, pero limitan el acceso a redes sociales y a internet sin supervisión.

Además, incorporan herramientas de control parental que permiten regular el tiempo de uso, activar modos educativos y evitar distracciones en horario escolar, ofreciendo una introducción más gradual a la tecnología. La idea no es aislar a los menores del entorno digital, sino acompañarlos en un proceso progresivo y adaptado a su edad.


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Regular no basta: educar es imprescindible

Los expertos en psicología infantil coinciden en que retrasar el acceso al smartphone aporta beneficios emocionales y sociales. Menos notificaciones favorecen la concentración, la socialización presencial y la autonomía real. Pero advierten de que las prohibiciones por sí solas no resuelven el problema si no van acompañadas de educación digital, implicación familiar y criterios claros de uso.

La conclusión es clara: el acceso temprano y sin límites a internet y a las redes sociales plantea riesgos reales para el bienestar infantil. Regular es necesario, pero educar es imprescindible. Solo así los menores podrán llegar al mundo digital con herramientas, criterio y capacidad para usar la tecnología sin quedar atrapados por ella.

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