
Carlos Díaz | vigoalminuto
Vigo tiene una particularidad turística que las cifras de visitantes no siempre reflejan: en verano recibe turistas, pero pierde más población de la que gana por los movimientos de entrada y salida. La ciudad se comporta como un emisor neto de población durante los meses centrales del año: es decir, nos vamos.
Esta dinámica contrasta con la de Santiago de Compostela y que convive con un momento especialmente favorable para el negocio hotelero vigués.
El estudio de Carga de Población Estacional del Instituto Galego de Estatística (IGE), publicado este viernes, 30 de octubre, permite observar cómo cambian las ciudades gallegas a lo largo del año. Según los datos facilitados para el balance estival, Vigo registra un saldo negativo del 0,42%, mientras que A Coruña también pierde población flotante, con un 0,35% menos. Santiago, por el contrario, consigue un incremento del 1%.
La diferencia responde a los distintos modelos urbanos y turísticos. La capital mantiene una capacidad de atracción durante todo el año gracias, entre otros factores, al Camino de Santiago, que garantiza un flujo constante de visitantes internacionales. Esa llegada compensa las salidas de sus residentes durante las vacaciones.
En Vigo sucede lo contrario. La marcha de habitantes hacia otros destinos, especialmente localidades costeras de las Rías Baixas, reduce la carga poblacional durante el verano. También influye el calendario laboral y académico, con trabajadores y estudiantes que abandonan temporalmente la ciudad. El resultado es un saldo negativo que comparte con A Coruña, otra de las grandes ciudades gallegas que pierde población flotante en esta época.
Más turistas extranjeros que españoles
La fotografía demográfica, sin embargo, no significa que Vigo atraviese un mal momento turístico. Las estadísticas hoteleras del Instituto Nacional de Estadística (INE) dibujan una realidad diferente: la ciudad está ganando atractivo entre los visitantes internacionales y ha alcanzado nuevos máximos en ocupación.
Septiembre dejó un dato histórico. Vigo recibió 25.684 viajeros extranjeros alojados en establecimientos hoteleros, frente a 23.479 visitantes residentes en España. Es la primera vez desde que existen registros que el turismo internacional supera al nacional en la ciudad durante un mes. Además, las pernoctaciones de los visitantes extranjeros crecieron un 26% respecto al mismo periodo del año anterior, frente al avance del 2,2% del mercado nacional.
El cambio de procedencia de los visitantes coincide con una reducción de la oferta hotelera convencional. Vigo pasó de contar con 74 establecimientos abiertos en septiembre de 2025 a 70 un año después. Las plazas disponibles descendieron de 5.405 a 4.964, casi 500 menos.
Pese a esa reducción, la ocupación media alcanzó el 64,6%, un máximo histórico para septiembre, mientras que durante los fines de semana llegó al 71%. La presión del alojamiento turístico también se refleja en las viviendas de uso turístico (VUT), que suman 9.306 plazas, casi el doble de la capacidad hotelera.
Dos temporadas turísticas muy diferentes
El comportamiento de Vigo muestra dos grandes momentos de actividad. El verano concentra una parte importante de las visitas internacionales, con el Camino Portugués por la Costa como uno de los motores de crecimiento, mientras que diciembre mantiene un peso especialmente elevado por la campaña navideña.
De hecho, el turismo nacional experimenta su principal repunte en torno a las fiestas y al alumbrado navideño, hasta el punto de que diciembre registra más visitantes españoles que cualquier mes del verano. El mercado internacional, en cambio, presenta un comportamiento más estable a lo largo del año.
La actividad del puerto añade otra dimensión al atractivo turístico de la ciudad. Vigo prevé cerrar 2026 con alrededor de 310.000 cruceristas, después de que septiembre registrase unos 45.000 pasajeros y octubre tenga programadas alrededor de 43.000 llegadas. La cifra supondría un nuevo récord anual y reforzaría el papel de la terminal viguesa en las rutas atlánticas.
La entrada en vigor de la tasa turística municipal, el pasado 1 de octubre, abre además una nueva vía de ingresos vinculada a las pernoctaciones. El recargo oscila entre 0,80 y 2 euros por persona y noche, según la categoría del alojamiento, aunque durante la primera fase solo se aplicará a las dos primeras noches de cada estancia.
El contraste entre los datos de población estacional y los indicadores hoteleros deja una conclusión: Vigo puede perder población flotante en verano y, al mismo tiempo, batir récords de visitantes internacionales y ocupación. La ciudad no deja de recibir turistas; lo que ocurre es que una parte importante de sus propios habitantes también se marcha durante las vacaciones.
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