
Redacción | vigoalminuto
Los ladridos de un cachorro que llegaban desde una finca alertaron a un grupo de personas que caminaba hacia los Milagros de Amil, en Moraña, la noche del pasado 19 de septiembre. Al acercarse al lugar, descubrieron tierra recientemente removida bajo un árbol. Entre ella había un pequeño perro, parcialmente enterrado, que todavía estaba vivo y trataba de liberarse.
El hallazgo acabó llevando a la Guardia Civil hasta una finca de Xeve, en el municipio de Pontevedra, donde los agentes encontraron un segundo cachorro enterrado. Este estaba muerto.
Los hechos se pusieron en conocimiento del SEPRONA por personal de la protectora de animales Ohana de Pontevedra al día siguiente. Uno de sus integrantes había presenciado el hallazgo junto a otras cuatro personas y había dado la voz de alarma después de encontrar al primer animal bajo la tierra.
Según la Guardia Civil, tras descubrir al cachorro, los testigos avisaron a una persona que se encontraba en la vivienda de la parcela. Esta recogió al animal y lo trasladó a una zona habilitada para los perros. La sospecha de que pudiera haber más animales enterrados llevó al grupo a ponerse en contacto con el SEPRONA.
Los agentes acudieron a la finca el 20 de septiembre. Allí comprobaron que el cachorro rescatado estaba en una perrera junto a su madre y otros tres hermanos. Durante la inspección de la zona donde había aparecido el primero, localizaron bajo la tierra removida a otro cachorro de corta edad, completamente enterrado y ya muerto.
Los guardias civiles ampliaron entonces la búsqueda con ayuda de una azada, pero no encontraron más animales enterrados.
La persona que se encontraba en la vivienda explicó a los agentes que los perros pertenecían a su hijo. Los investigadores contactaron posteriormente con él por teléfono. Según la Guardia Civil, reconoció haber enterrado el día anterior a dos cachorros porque consideraba que habían muerto.
A partir de las declaraciones de los testigos y de las manifestaciones del propietario, el SEPRONA lo investiga como presunto autor de un delito de maltrato animal. Las diligencias se remitirán a la autoridad judicial competente, que deberá determinar las posibles responsabilidades.
El caso pone el foco en una situación especialmente grave: uno de los cachorros fue enterrado cuando todavía estaba vivo, según el relato que dio origen a la investigación. La Guardia Civil recuerda que los animales son seres sintientes y que determinadas conductas de abandono, maltrato o sometimiento a sufrimiento pueden tener consecuencias penales.
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