
El calentamiento de los océanos volvió a marcar un récord en julio, por segundo mes consecutivo, según los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus. La tendencia también se refleja en las aguas que rodean España: una boya situada frente a Sa Dragonera, en Mallorca, registró la semana pasada 33 ºC, una temperatura excepcional para el entorno marino.
El Mediterráneo atraviesa además una ola de calor marina de categoría 4, considerada extrema por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). La situación no responde a un episodio aislado. Desde 2022, el 100% de las aguas mediterráneas ha experimentado en algún momento del año una ola de calor marina y desde 2023 las temperaturas se han mantenido casi de forma continua por encima de la media.
El calentamiento tampoco se limita al Mediterráneo. Según los datos citados por Greenpeace, las aguas que rodean la península Ibérica y los archipiélagos españoles se están calentando un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo aproximado de 0,25 ºC por década.
El Cantábrico también está registrando temperaturas excepcionales. La boya de Bilbao-Vizcaya ha marcado récords mensuales desde abril y alcanzó en julio los 25,2 ºC, según los datos difundidos por la organización ecologista.
El océano absorbe la mayor parte del exceso de calor
El calentamiento de los mares constituye una de las manifestaciones menos visibles, pero más importantes, de la crisis climática. Los océanos han absorbido más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático, desempeñando un papel fundamental en la regulación de la temperatura del planeta.
Pero esa capacidad tiene consecuencias. Cuanto más calor acumula el océano, mayor es la alteración de sus ecosistemas y de algunos procesos físicos que influyen en el clima.
Un mar más cálido incrementa la evaporación y aporta más humedad a la atmósfera, lo que puede proporcionar energía adicional a determinados episodios de lluvias intensas y tormentas. El aumento de la temperatura también contribuye a la expansión térmica del agua, uno de los factores que intervienen en la subida del nivel del mar, con consecuencias para las zonas costeras.
El calentamiento se suma además a otros impactos derivados de la actividad humana, como la erosión litoral, la pérdida de arena y la presión urbanística sobre la costa.
Especies que se desplazan y ecosistemas que desaparecen
El cambio de temperatura también está transformando los ecosistemas marinos. Las especies adaptadas a aguas más templadas pueden desplazarse hacia latitudes donde encuentran condiciones más favorables, mientras que aquellas con menor capacidad de movimiento quedan expuestas a temperaturas que pueden superar sus límites de tolerancia.
El fenómeno está favoreciendo la llamada tropicalización del Mediterráneo, con la expansión de especies propias de aguas más cálidas.
El aumento de la temperatura reduce además la capacidad del agua para retener oxígeno, lo que añade presión sobre organismos marinos ya sometidos a otros factores de estrés.
Entre las consecuencias se encuentra el desplazamiento de especies de interés comercial hacia aguas más frías, con efectos sobre las pesquerías y especialmente sobre la pesca artesanal, que depende en buena medida de los recursos disponibles en los caladeros próximos.
También aumenta la posibilidad de expansión de especies invasoras y se incrementa la presión sobre ecosistemas especialmente vulnerables, como las praderas de Posidonia oceanica y determinados organismos que proporcionan refugio y alimento a otras especies.
Cuando las temperaturas superan determinados umbrales durante periodos prolongados pueden producirse episodios de mortalidad masiva y pérdida de hábitats.
Un problema climático y económico
La degradación de los ecosistemas marinos no afecta únicamente a la biodiversidad. También puede tener consecuencias económicas y sociales para las comunidades costeras que dependen de la pesca, el turismo y otros recursos vinculados al estado de los mares.
Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace, ha advertido de que el Mediterráneo se encuentra ante una situación sin precedentes y ha señalado que cada incremento de temperatura supone más energía disponible para determinados fenómenos meteorológicos extremos y una mayor presión sobre los ecosistemas.
La organización reclama a las Administraciones una reducción acelerada de las emisiones de gases de efecto invernadero, el abandono progresivo de los combustibles fósiles y una mayor protección y restauración de los ecosistemas marinos.
La sucesión de récords de temperatura está dejando de ser un fenómeno excepcional. El calentamiento de los océanos se ha convertido en una tendencia sostenida y sus efectos empiezan a hacerse visibles tanto en la distribución de las especies como en la dinámica del clima y en la propia costa.
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