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Ninguna autoridad ha intentado aclarar cómo murió el joven vigués Ramón Ortega Quina

La investigación no descartó la muerte violenta y las autopsias discrepan

Ninguna autoridad ha intentado aclarar cómo murió el joven vigués Ramón Ortega Quina

Ninguno de los subdelegados del Gobierno en la provincia de la década ha mostrado interés por reabrir la investigación sobre la muerte del joven vigués Ramón Ortega Quina. Ninguno de ellos se ha molestado en saber el motivo del cierre de la misma; tampoco ha hecho el mínimo esfuerzo por informarse sobre este suceso y, menos aún, ha intentado contactar con la familia.

Han pasado ya 13 años desde que el cuerpo de Ramón Ortega Quina apareció tirado, de madrugada, en Torrecedeira: era el 19 de diciembre de 2008.

El cadáver presentaba un golpe en la cabeza y nunca se aclaró la causa de su muerte. Se ordenó parar de investigar, pese a que las pruebas no sólo no ratificaron las primeras conclusiones policiales, sino que apuntaban a que alguien pudo acabar con su vida.

Sin una investigación

Las autopsias que se le hicieron al cuerpo del joven discrepan: así figura en las conclusiones que puede aportar Susana Quina, la madre de Ramón. Tampoco concuerdan las conclusiones de investigadores y expertos que llegaron a decir a Susana que hiciese todo lo posible para no se cerrase el caso.

En este proceso, no llegaron a tomarse en cuenta las declaraciones de los testigos y Susana Quina mantiene que tampoco se interrogó a varias personas que podrían haber aportado infomación para saber qué le pasó a su hijo

Con conclusiones de las autopsias que no coinciden

Los resultados de las autopsias no coinciden. En una de ellas el forense asegura que Ramón se cayó de espalda, cuando intentaba ‘escalar’ por la fachada hasta un balcón del segundo piso. Su conclusión es que el joven se precipitó impactando contra una cabina de teléfonos-que hace años que ya no está en el lugar- se golpeó en ella y acabó en el suelo, a unos 2 metros de distancia de la misma, con el cuerpo hacia abajo. Este forense afirma que Ramón cayó casi recto, se golpeó las rodillas y se dio de bruces contra la acera.

Otro forense sostiene que la caída fue completamente vertical y se dio con la cabeza contra el suelo, pero no habla para nada de la cabina de teléfono, mucho menos que podría haberse haberse golpeado contra ella.

Ninguna de estas dos conclusiones fue confirmada jamás con una sola prueba forense.

El sumario admite que la muerte pudo ser causada por otra persona

El sumario de la investigación no descarta que la muerte de Ramón hubiese sido causada por otra persona y considera, literalmente, que esta es una posibilidad igual de verosímil que la hipótesis de que Ramón Ortega hubiese muerto a causa de un accidente ‘rocambolesco’, que incluye la escalada por una fachada, algo fantástico, una caída que no concuerda con ninguna prueba encontrada, que uno de los forenses dice que fue de una manera y otro forense asegura que fue de otra, y un golpe final contra una cabina, en donde no se encontró rastro alguno, o con un impacto en la acera, que no pudo demostrarse con las pruebas hechas al cuerpo.

…y la investigación de la brigada científica indica una muerte violenta

La familia de Ramón tiene una explicación para la muerte que sí tiene el aval de los investigadores de la Brigada de Investigación Científica que vinieron a Vigo desde Madrid.

Susana Quina cree que la muerte de Ramón se produjo así, una versión que sí se ajusta a las conclusiones de estos últimos especialistas: el joven estaba orinando cuando alguien le golpeó por detrás con tal fuerza que lo dejó en el sitio; cayó de rodillas, de ahí las heridas que tenía en ellas, y luego de bruces contra el pavimento, lo que explica que se le rompiesen los dientes.

Podría haber testigos presenciales cuyo testimonio no se consideró

En una grabación de televisión, que tiene la familia de Ramón, una mujer asegura que su hijo estaba en el balcón a las 3 de la mañana de aquel 19 de diciembre de 2008. Los investigadores no consideraron su versión.

La investigación se cerró asegurando que nadie vio nada, que nadie oyó nada y tampoco hubo testigos. Ello pese a que Torrecedeira en una calle muy poblada y transitada. Está muy próxima al Puerto, a 100 metros de varios cruces y aunque el lugar del suceso está a pocos pasos de tres bares y cafeterías.

Las ayudas prometidas y las buenas palabras se las llevó el viento

Quizá sea el mismo viento que dio el portazo a la investigación el que se ha llevado las buenas palabras de los responsables de los organismos públicos y de las autoridades que prometieron toda su ayuda a la familia y que no han movido un dedo en este tiempo.

Hace años que la mayoría dejaron sus cargos y asumieron otras responsabilidades. A cada uno la madre de Ramón les ha pedido que hagan algo para aclarar la muerte de su hijo. Sin resultado. Se agazaparon en la burocracia, la falta de competencia o, eso es: la ola de la ‘actualidad’ en la que se mecen con comodidad.

Trece años después la familia de Ramón Ortega Quina sigue pidiendo que si hay alguien que sabe algo, pudo oír algo o ver algo, que lo cuente, aunque sea de forma anónima: lo que sea para aclarar cómo murió.

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