
María L. García | Vigo Al Minuto
La investigación comenzó con una pregunta surgida en el rural gallego y terminó en un laboratorio del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS). Tres mujeres vinculadas a la ganadería y a la elaboración de productos derivados del calostro – Isolina Raña, de Granxa Raña S.C.; Teresa Antelo, de Granxa Devesa Langueirón; y Brígida Hermida, de Xearte Brigitte – plantearon a investigadores biomédicos si la primera leche de las vacas podía tener propiedades susceptibles de ser estudiadas.
El resultado acaba de publicarse en Journal of Extracellular Vesicles: unas vesículas presentes en el calostro bovino son capaces de frenar en modelos experimentales la proliferación de células de cáncer gastrointestinal y hacerlas más sensibles a un quimioterápico habitual.
Vesículas procedentes del calostro
El estudio se ha realizado con líneas celulares de cáncer colorrectal y pancreático y con organoides obtenidos de pacientes con adenocarcinoma de páncreas. Los resultados son todavía preclínicos: se han alcanzado en modelos de laboratorio y no demuestran que el calostro bovino ni sus vesículas puedan tratar el cáncer en personas.
El trabajo se centra en las vesículas extracelulares, pequeñas estructuras liberadas por las células que pueden transportar proteínas y otras moléculas y participar en procesos de comunicación y regulación celular. El calostro —la primera leche que produce la vaca después del parto— contiene una elevada concentración de estas vesículas.
Los investigadores aislaron las vesículas procedentes del calostro y estudiaron su efecto sobre diferentes modelos de tumores digestivos. El resultado fue un bloqueo del crecimiento de las células tumorales. Sin embargo, no se produjo la muerte celular programada, conocida como apoptosis.
“Las células dejan de proliferar, reorganizan su cromatina, alteran el citoesqueleto y modifican su adhesión, pero sin activar la apoptosis o muerte celular programada”, explica Claudia Huesa, primera autora del trabajo e investigadora predoctoral de Oncomet.
El efecto desaparece al retirar las vesículas
Uno de los aspectos que más interés ha despertado entre los investigadores es precisamente el carácter reversible del fenómeno. Cuando las vesículas extracelulares derivadas del calostro se retiran del medio de cultivo, las células recuperan en buena medida su capacidad para proliferar y su arquitectura nuclear.
Los experimentos apuntan además a que parte de las modificaciones observadas están relacionadas con mecanismos de remodelación epigenética, es decir, con cambios en la forma en que las células regulan la actividad de sus genes sin modificar su secuencia de ADN.
Los investigadores observaron también otro efecto potencialmente relevante: las células tumorales tratadas con estas vesículas se hicieron más sensibles al 5-fluorouracilo, un fármaco utilizado habitualmente en el tratamiento de distintos tumores, entre ellos algunos cánceres colorrectales y digestivos.
Un largo camino experimental por delante
Esto abre una línea de investigación diferente a la de utilizar las vesículas como un agente que destruya directamente las células tumorales. La hipótesis que plantea el estudio es que podrían actuar en el futuro como moduladores o posibles adyuvantes de otros tratamientos, aunque todavía queda un largo camino experimental antes de determinar si ese efecto podría trasladarse a pacientes.
“Os nosos achados mostran que as vesículas derivadas do calostro poden frear de maneira reversible a proliferación das células tumorais mediante cambios na súa arquitectura nuclear e transcricional”, señala Jorge Barbazán, investigador principal del estudio.
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