
Vigo | María L. García
La crisis del agua ya no es una amenaza para el futuro. Es un problema presente. Greenpeace alerta de que la combinación de sequía, altas temperaturas y una demanda creciente está tensionando los recursos hídricos en distintos puntos de España, incluidas comunidades tradicionalmente asociadas a la abundancia de agua como Galicia y Asturias.
El aviso coincide con el comienzo esta semana en Ulán Bator, Mongolia, de la 17ª Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17). Más de 190 países participan en una cumbre que lleva por lema «Restaurar la tierra, restaurar la esperanza» y que aborda la degradación del suelo y la escasez de agua.
Greenpeace sostiene que las precipitaciones registradas durante el invierno y la primavera han contribuido a crear una sensación de normalidad que, a su juicio, oculta el deterioro de las reservas. «Las sequías deben gestionarse cuando hay agua, no cuando falta», advierte la organización.
Galicia, con alerta por escasez
Entre los territorios señalados por Greenpeace figura Galicia. Augas de Galicia mantiene activada la alerta por escasez de agua en buena parte del territorio, una situación que afecta a casi el 80% de los municipios gallegos, según los datos aportados por la organización.
El escenario ya ha obligado a adoptar medidas de ahorro. Greenpeace señala que se ha reclamado a municipios como Vigo, Pontevedra y A Coruña una reducción del 15% del consumo de agua. En algunos puntos se han establecido además restricciones para actividades como el riego, el lavado de vehículos o el llenado de piscinas.
La situación se produce en una comunidad que durante décadas ha estado asociada a un régimen de lluvias elevado. Para la organización ecologista, precisamente ahí reside una de las señales de alarma: el estrés hídrico ya no se limita a las regiones tradicionalmente más secas de España.
Camiones cisterna en Asturias
En Asturias, Greenpeace pone el foco en las dificultades que atraviesa la ganadería en las zonas de montaña. La falta de agua en los pastos está obligando a algunas explotaciones y vecinos de localidades del municipio de Siero a recurrir a camiones cisterna privados para garantizar el suministro.
Según la organización, algunas familias llegan a pagar hasta 200 euros por cada cuba de agua. El colectivo Asturias Ganadera reclama medidas urgentes para asegurar el abastecimiento en los montes.
La Rioja y Navarra afrontan otro efecto de la escasez: el descenso de las reservas está tensionando el mercado de la paja y los forrajes, con un incremento de los costes para las explotaciones ganaderas que amenaza su viabilidad de cara al otoño.
En Baleares, Greenpeace sitúa la alerta en Mallorca, donde las reservas hídricas globales han descendido hasta el 39% y los acuíferos afrontan una situación especialmente delicada en pleno verano.
El agua también amenaza al sistema energético europeo
La organización advierte de que el problema no se limita a España. En distintos puntos de Europa, los bajos caudales de algunos de los grandes ríos están afectando también al sistema energético.
Los problemas de disponibilidad y temperatura del agua han obligado a reducir potencia o detener temporalmente la actividad de algunas centrales nucleares en países como Francia, Hungría y Rumanía. La razón es la dificultad para utilizar los cauces para refrigerar las instalaciones sin elevar todavía más su temperatura y comprometer los ecosistemas acuáticos.
Para Greenpeace, estos episodios muestran hasta qué punto la disponibilidad de agua se ha convertido en un factor económico, energético y ambiental de primer orden.
«Una falsa ilusión de abundancia»
Julio Barea, responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace España, considera que la aparición de camiones cisterna en Asturias o las restricciones de consumo en Galicia son síntomas de un problema estructural.
«Mientras la ONU debate en la COP17 de Mongolia cómo frenar la desertificación, gran parte de las Administraciones en España siguen haciendo un uso insostenible del recurso», sostiene Barea. El responsable de Greenpeace critica la sobreexplotación de ríos, la contaminación de suelos y cauces y las pérdidas en las redes de distribución.
La organización cifra en un 30% el agua potable que se pierde por fugas en tuberías defectuosas.
«La sequía no se gestiona cortando las duchas de la playa en agosto, se gestiona haciendo una correcta gestión de la demanda cuando los embalses aún tienen agua», afirma Barea.
Para Greenpeace, la situación actual demuestra el agotamiento de un modelo de gestión basado en la idea de que el agua es un recurso prácticamente ilimitado. «Lo que estamos viviendo estos días en Galicia, Asturias, La Rioja o Mallorca no es un castigo divino ni una simple racha de mala suerte meteorológica: es el resultado inevitable de haber gestionado el agua bajo la falsa premisa de que es infinita», señala.
Las reformas que reclama Greenpeace
La organización ecologista exige al Gobierno de España y a las comunidades autónomas abandonar las medidas paliativas de última hora e implementar un cambio de rumbo estructural:
- Compromiso vinculante en la COP17: Liderar en Ulán Bator la aprobación de un marco internacional de obligado cumplimiento para la gestión preventiva y la resiliencia ante la sequía global.
- Reducción drástica de la demanda agroindustrial: Dimensionar el consumo de agua a la disponibilidad real de la misma basada en la ciencia (que prevé reducciones del recurso de hasta el 40% en las próximas décadas), recortando la ganadería industrial intensiva y priorizando la ganadería extensiva y familiar.
- Inversión prioritaria en redes urbanas: Obligar a los municipios a auditar y reparar de urgencia sus redes de distribución para erradicar el despilfarro de agua potable.
- Garantía estricta de caudales ecológicos: Impedir que la presión de las captaciones desequilibre ríos y ecosistemas acuáticos de la cuenca atlántica y mediterránea.
- Clausura inmediata de pozos y extracciones ilegales: Erradicar el robo de agua y cerrar de forma prioritaria las captaciones ilegales que sobreexplotan y agotan los acuíferos subterráneos de uso estratégico.
- Protección de acuíferos frente a la contaminación: Detener la contaminación por nitratos procedentes de la agroindustria y los purines que inutilizan las reservas subterráneas de agua.
- Abandono de la «política del hormigón»: Rechazar nuevos embalses y trasvases para priorizar la restauración del suelo, la prevención de la erosión y la protección de masas forestales autóctonas.
- Freno a desarrollos e infraestructuras de alto consumo: Prohibir la concesión de licencias para macroproyectos recreativos, turísticos o intensivos en zonas golpeadas por el estrés hídrico y la desertificación.
Previsión
El diagnóstico de la organización parte de una idea central: la gestión de la sequía no puede comenzar cuando los embalses están vacíos. Las lluvias pueden aplazar el problema, pero no eliminan la presión sobre un recurso cada vez más condicionado por el aumento de las temperaturas y por unos niveles de consumo que, según Greenpeace, siguen sin adaptarse a la disponibilidad real de agua.
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