
La declaración de prealerta por sequía en Vigo ha sorprendido a muchos ciudadanos. Después de meses marcados por abundantes lluvias, resulta difícil entender por qué el sistema de abastecimiento ha entrado ahora en una fase de vigilancia especial. Sin embargo, la respuesta no depende únicamente de cuánto haya llovido, sino de una combinación de factores que afectan al funcionamiento del abastecimiento de agua de la ciudad.
La decisión adoptada por el Concello no responde a un único motivo. Detrás de la prealerta confluyen el descenso de las reservas del embalse de Eiras, la reducción del caudal de los ríos que lo alimentan, el incremento del consumo propio del verano y un sistema de abastecimiento que dispone de un margen de seguridad limitado para afrontar periodos prolongados de escasez.
El agua que cae no siempre llega al embalse
Uno de los errores más habituales es pensar que un invierno o una primavera lluviosos garantizan automáticamente el suministro durante el verano. La realidad es bastante más compleja.
Lo verdaderamente importante no es la lluvia registrada, sino la cantidad de agua que consigue almacenarse en los embalses que abastecen a la ciudad. Si las precipitaciones se producen de forma irregular, el terreno absorbe buena parte del agua o los ríos reducen rápidamente su caudal, las reservas pueden seguir disminuyendo incluso después de varios meses húmedos.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Vigo. El embalse de Eiras, principal fuente de abastecimiento del área metropolitana, ha ido perdiendo volumen durante las últimas semanas hasta situarse en unos niveles que han llevado al Concello a activar la prealerta como medida preventiva.

Un sistema que depende de pocos embalses
La vulnerabilidad del abastecimiento de Vigo tiene también una explicación estructural.
La ciudad depende fundamentalmente de los embalses de Eiras y Zamáns, lo que deja poco margen cuando alguno de ellos comienza a perder capacidad de forma continuada.
Además, este sistema no abastece únicamente a Vigo. También suministra agua a otros municipios del área metropolitana, lo que incrementa la demanda sobre unas reservas que deben atender a cientos de miles de personas.
Esa circunstancia hace que cualquier descenso prolongado de los niveles tenga un impacto mucho más rápido que en otros territorios con sistemas de almacenamiento más diversificados.
El verano multiplica la presión sobre el abastecimiento
La llegada del verano agrava todavía más la situación.
Las altas temperaturas aumentan la evaporación del agua almacenada en los embalses y, al mismo tiempo, se dispara el consumo.
El incremento de población durante la temporada estival, la actividad turística, el riego de jardines, el llenado de piscinas o un mayor uso doméstico hacen que la demanda crezca precisamente cuando el sistema dispone de menos recursos.
Por ello, aunque todavía tengamos agua suficiente para el abastecimiento, las administraciones optan por actuar antes de que la situación se deteriore.
Una pérdida de reservas acumulada durante meses
La actual prealerta no responde a una única semana sin lluvias.
Los técnicos analizan la evolución de las reservas durante largos periodos y observan cómo ha ido disminuyendo progresivamente el margen disponible.
Cuando esa tendencia se mantiene y las previsiones meteorológicas no garantizan una recuperación rápida de los embalses, se activa el protocolo de prealerta para evitar llegar a una situación de emergencia.
Un debate que va más allá de la sequía
La decisión también ha reabierto un debate que Vigo mantiene desde hace años sobre la fortaleza de su sistema de abastecimiento.
Desde el Concello se insiste en la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento mediante nuevas infraestructuras, como una nueva presa en el río Oitavén, además de ampliar el aprovechamiento del agua regenerada.
Por su parte, desde la Xunta se ha defendido la necesidad de seguir mejorando la gestión del sistema y de actuar sobre distintos elementos de la red para reforzar su eficiencia.
En este contexto, expertos recuerdan que la situación no puede explicarse únicamente por la falta de lluvia ni por el incremento del consumo durante el verano. Ambos factores influyen, pero también lo hace la capacidad que tiene el sistema para almacenar suficiente agua y distribuirla con garantías durante los meses más secos del año.
¿Qué supone la prealerta?
La prealerta por sequía no significa que Vigo vaya a quedarse sin agua de forma inmediata.
Se trata de una fase preventiva que permite adoptar medidas de ahorro antes de que las reservas entren en niveles críticos.
Entre ellas se encuentran la suspensión de determinados usos no esenciales, como el llenado de piscinas, el cierre de las duchas de las playas, la limitación de los baldeos con agua potable o el refuerzo de la vigilancia sobre el consumo y las posibles pérdidas en la red.
El objetivo es reducir la presión sobre el sistema mientras se observa la evolución de las reservas y de las aportaciones de agua a los embalses.
En definitiva, la situación actual demuestra que el problema no depende exclusivamente de si llueve más o menos. La clave está en que esa lluvia llegue a los embalses, pueda almacenarse durante el tiempo suficiente y permita abastecer con garantías a Vigo y al resto de municipios conectados al sistema metropolitano. Esa combinación de factores explica por qué la ciudad ha entrado en prealerta por sequía pese a las precipitaciones registradas en los últimos meses.
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