Una tarjeta sustraída en el entorno doméstico acaba en fraude bancario en Vigo
La Policía Nacional ha detenido a dos personas acusadas de sustraer una tarjeta bancaria a una mujer de edad avanzada y utilizarla posteriormente para realizar pagos fraudulentos y retiradas de efectivo por un importe superior a los 1.100 euros.
El caso presenta un elemento especialmente sensible: una de las detenidas trabajaba como asistenta de la víctima, lo que facilitó el acceso a la tarjeta y, según la investigación, su posterior uso sin consentimiento.
Denuncia tras detectar movimientos que la víctima no había realizado
La investigación se inició el pasado 20 de marzo, cuando una mujer denunció que su madre había sido víctima del robo de una tarjeta de crédito. La familia detectó movimientos bancarios que la titular no había realizado, lo que encendió las alarmas.
Según la denuncia, la víctima no había utilizado la tarjeta en esas fechas y el acceso al domicilio estaba limitado, lo que centró rápidamente las sospechas en el entorno cercano. El perjuicio económico total ascendía a 1.116 euros.
Las pesquisas policiales confirmaron que la asistenta, junto a un hombre, utilizó la tarjeta en distintos establecimientos comerciales de la ciudad, donde realizaron compras por un importe superior a 116 euros.
Posteriormente, ambos acudieron a un cajero automático, donde efectuaron varias operaciones de retirada de efectivo hasta alcanzar los 1.000 euros.
Este patrón —compras iniciales y extracción posterior de efectivo— es habitual en este tipo de delitos, ya que permite comprobar previamente que la tarjeta está operativa antes de retirar cantidades mayores.
Un caso que refuerza la vulnerabilidad en entornos de confianza
Tras identificar a los presuntos autores, agentes del grupo UDEV-Robos de la Comisaría de Vigo procedieron a su detención. Ambos están investigados por un presunto delito de hurto y estafa.
El caso vuelve a poner el foco en los delitos cometidos en entornos de confianza, especialmente cuando afectan a personas mayores y a servicios domiciliarios. El acceso cotidiano al domicilio, clave en este tipo de situaciones, puede convertirse en una vía directa para la comisión de delitos si no existe control sobre objetos sensibles como tarjetas o claves bancarias.
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