
María L. García | vigoalminuto
Luiz Inácio Lula da Silva (27-10-1945) ha logrado una victoria histórica en las elecciones presidenciales de Brasil. El presidente se ha impuesto este domingo al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de su rival, según los resultados oficiales con casi el 98% del escrutinio completado.
La remontada rompe un precedente de la democracia brasileña desde el final de la dictadura militar (1964-1985): nunca hasta ahora un candidato que había quedado segundo en la primera vuelta había conseguido ganar la segunda.
El resultado da la vuelta a los pronósticos de una campaña marcada por la polarización política. En la primera ronda el candidato apoyado por extremistas como Trump y Milei había conseguido el 47% de los votos, dos puntos más que Lula, con una ventaja de 2,2 millones de sufragios. En la votación definitiva, el dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) ha revertido esa diferencia y ha terminado por delante de su adversario por más de cuatro millones de votos.
Las encuestas apuntaban a una segunda vuelta muy ajustada, pero no anticiparon una victoria de Lula con una ventaja tan clara. El presidente ha conseguido movilizar a sus apoyos en una campaña en la que presentó las elecciones como una decisión entre la defensa de la democracia y el regreso de un proyecto político asociado al autoritarismo.
Una victoria contra el autoritarismo y la desinformación
Lula convirtió la campaña en una defensa de las instituciones democráticas frente a la familia Bolsonaro. Jair Bolsonaro, presidente entre 2019 y 2022, fue condenado a 27 años de prisión por su participación en una trama golpista destinada a impedir la toma de posesión de Lula tras las elecciones de 2022.
En su discurso de victoria, el presidente agradeció el apoyo de los jóvenes que salieron a las calles para «defender la democracia» y de las personas mayores que acudieron a votar. La movilización resultó decisiva para inclinar una contienda en la que las previsiones dibujaban un escenario de máxima igualdad.
El mandatario también vinculó el resultado electoral con la posición internacional de Brasil. Durante la campaña, advirtió contra la subordinación del país a los intereses de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump.
«Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie», afirmó Lula, que defendió la aspiración de su país a ocupar una posición central, y no periférica, en las decisiones internacionales.
El mensaje conecta la victoria electoral con uno de los principales ejes de su proyecto político: reforzar la autonomía diplomática de Brasil y su papel como potencia regional y global, frente a las presiones externas y el avance de la ultraderecha.
El candidato extremo derechista anuncia que impugnará las elecciones
La derrota no ha supuesto, por el momento, el reconocimiento del resultado por parte de Flávio Bolsonaro. El senador ha anunciado que acudirá a la Justicia para solicitar la anulación de las elecciones, en una decisión que abre un nuevo frente de incertidumbre tras una campaña de fuerte confrontación política.
Su argumento se centra en la decisión judicial de ampliar en dos horas el horario de votación en todo el país, una medida adoptada en respuesta a una petición de la campaña de Lula.
El Partido de los Trabajadores también denunció que en varias ciudades gobernadas por la derecha no se habilitaron suficientes autobuses gratuitos para facilitar el desplazamiento de los votantes, pese a las disposiciones judiciales. Según la formación, estas dificultades perjudicaron especialmente a los sectores con menos recursos, entre los que tradicionalmente encuentra mayor respaldo la izquierda.
La impugnación anunciada por Bolsonaro deberá sustanciarse por las vías legales correspondientes. La mera presentación de una denuncia no implica que existan irregularidades suficientes para invalidar el resultado electoral.
La victoria de Lula supone, en cualquier caso, un revés para la estrategia de continuidad política de la derecha extrema y del trumpismo y confirma la capacidad del presidente para remontar una desventaja inicial en una de las elecciones más polarizadas de la historia reciente de Brasil.
