
Una nueva investigación impulsada por Greenpeace ha detectado la presencia de microplásticos en alimentos para bebés comercializados en bolsas flexibles de plástico, conocidas como pouches, y vuelve a abrir el debate sobre la seguridad de este tipo de envases destinados a una población especialmente vulnerable.
El informe, titulado “Plásticos diminutos, un gran problema: Los riesgos ocultos de las bolsas de plástico para alimentos infantiles”, analizó «productos de las marcas Nestlé y Danone, concretamente alimentos comercializados bajo las líneas Gerber y Happy Baby Organics». Según los resultados difundidos por la organización, todas las muestras estudiadas presentaron partículas de microplásticos y los análisis apuntan además a la posible presencia de diversas sustancias químicas relacionadas con los materiales plásticos utilizados en los envases.
La investigación sostiene que «el propio envase podría ser una fuente directa de contaminación, ya que los datos obtenidos sugieren una relación entre el revestimiento interno de polietileno y las partículas encontradas en los alimentos».
54 partículas de microplásticos por gramo
Entre los principales resultados del estudio, Greenpeace destaca que los investigadores hallaron «una media de hasta 54 partículas de microplásticos por gramo en las bolsitas analizadas de Gerber y hasta 99 partículas por gramo en las de Happy Baby Organics». Según las estimaciones incluidas en el informe, esto podría traducirse en «más de 5.000 partículas ingeridas por envase en algunos productos y superar las 11.000 en otros».
Julio Barea, responsable de la campaña de Residuos de Greenpeace, aseguró que estos resultados generan preocupación por el creciente uso de este tipo de formatos en la alimentación infantil. Según indicó, las bolsas flexibles han ido ganando espacio en los supermercados y desplazando progresivamente a otros formatos tradicionales como los tarros de vidrio.
La organización ecologista sostiene que el crecimiento de estos envases responde a criterios de comodidad y mercado, pero advierte de posibles consecuencias tanto medioambientales como sanitarias. Greenpeace señala además que los envases multicapa empleados en estos productos presentan dificultades para su reciclaje y acaban con frecuencia en vertederos, incineradoras o en el entorno natural.
Pide una reducción progresiva de los envases plásticos
El informe subraya que «los bebés constituyen una población especialmente sensible a este tipo de exposiciones debido a que sus órganos aún se encuentran en desarrollo y porque la cantidad de alimento que consumen en relación con su peso corporal es superior a la de los adultos».
A raíz de los resultados obtenidos, Greenpeace reclama a los fabricantes de alimentación infantil que analicen con urgencia sus productos y demuestren su seguridad. Asimismo, pide una reducción progresiva de los envases plásticos y su sustitución por alternativas reutilizables o libres de sustancias potencialmente tóxicas.
La organización también ha solicitado al Gobierno español que adopte una posición más ambiciosa en las negociaciones internacionales sobre contaminación plástica y respalde medidas para reducir la producción global de plástico.
La información publicada se basa en los resultados y conclusiones del informe difundido por Greenpeace. Hasta el momento, en el contenido facilitado no consta una respuesta pública de las empresas mencionadas sobre estos resultados.
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