La renuncia de José Luis Ábalos a su escaño en el Congreso de los Diputados marca un hito sin precedentes en la política española y se perfila como una de las noticias clave del día. El exministro de Transportes y exdirigente socialista ha comunicado formalmente a la Mesa de la Cámara Baja su decisión de dejar el acta de diputado por Valencia, un paso que da desde la prisión, donde permanece en situación de prisión provisional sin fianza por su presunta implicación en el llamado caso Koldo.
Ya no tenía sueldo y tampoco podía votar
Ábalos llevaba meses suspendido de sus derechos parlamentarios, sin sueldo ni voto, después de que el Tribunal Supremo autorizase el suplicatorio y confirmase su procesamiento. El pasado mes de noviembre, el alto tribunal acordó su ingreso en prisión ante lo que calificó como un riesgo “extremo” de fuga, en el marco de una causa por presuntos amaños en contratos públicos para la compra de material sanitario durante la pandemia, con peticiones de pena que alcanzan hasta los 30 años de cárcel. Se trató de la primera vez en la historia democrática española que un diputado nacional en ejercicio ingresaba en prisión.
En un mensaje difundido en la red social X, el exministro explica que ha tomado la decisión después de que el Supremo rechazase su recurso de apelación y ratificase su situación penitenciaria. Ábalos sostiene que, hasta ahora, defendió la permanencia en el escaño como una forma de preservar el derecho de representación política y la inmunidad parlamentaria, pero admite que su actual situación procesal hace inviable continuar en el Congreso. “Debo centrarme en ejercer mi derecho de defensa y en la protección de mi inocencia”, afirma.
En su despedida, agradece a los ciudadanos valencianos que le permitieron “servir al pueblo español” durante siete legislaturas consecutivas, desde su llegada al Congreso en 2009, y reivindica su trayectoria política vinculada a la justicia social, la igualdad, la libertad y el pluralismo. “Puedo decir con orgullo que fue una responsabilidad emocionante”, concluye.
Ese mismo mensaje ha sido reproducido en el escrito registrado ante la Mesa del Congreso, donde insiste en que su continuidad hasta ahora buscaba evitar una alteración “indebida” de la composición de la Cámara y salvaguardar la libertad de los representantes públicos.
Satisfacción en el Gobierno
Desde el Gobierno, la reacción ha sido clara. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, ha manifestado su satisfacción por la renuncia y ha recordado que fue una exigencia planteada desde el primer momento. En declaraciones televisivas, Saiz subrayó que la decisión llega tarde, pero expresó respeto por el derecho de Ábalos a defenderse. “Como socialista, soy absolutamente exigente con la ética y con entender la política como un servicio público”, afirmó, remarcando que ese principio forma parte de la identidad del PSOE.
La dimisión de Ábalos no solo cierra un episodio personal y político, sino que abre un debate de fondo sobre los límites de la representación parlamentaria, la ética pública y la respuesta institucional ante casos de corrupción de alto nivel. Un caso excepcional que ya ocupa un lugar destacado en la historia política reciente de España.
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