Durante décadas, el Puerto de Vigo ha sido sinónimo de grúas, contenedores y tráfico marítimo. Ahora quiere ser algo más. Bajo la superficie de sus dársenas, lejos del ruido de los motores y del trasiego comercial, se está librando otra batalla: la de demostrar que una gran infraestructura industrial puede convivir —y regenerar— la vida marina.
La Autoridad Portuaria ha iniciado un exhaustivo análisis científico del estado ecológico de las aguas más próximas a la ciudad, la denominada Zona I. Un “chequeo médico” del fondo marino y de las paredes de los muelles que busca responder, con datos y no con intuiciones, a una pregunta clave: ¿qué salud tiene realmente el mar bajo el puerto?
¿Y qué organismos viven ahí?
El trabajo lo desarrolla un equipo de técnicos de la empresa Tecnoambiente, en colaboración con personal especializado del propio puerto en áreas como Economía Azul, Obras y Sostenibilidad. Durante varios días han tomado muestras de agua y sedimentos, analizando parámetros como oxígeno, temperatura y composición química, además de estudiar qué organismos viven tanto en el fondo como adheridos a los muelles.
Nada de esto es improvisado. El estudio forma parte del proyecto NaturPorts, una iniciativa pionera liderada por el Puerto de Vigo junto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y las universidades de Vigo y Oviedo. Su objetivo es claro y ambicioso: transformar las infraestructuras portuarias tradicionales en espacios capaces de albergar vida, aplicando Soluciones Basadas en la Naturaleza para reconectar el puerto con la ría.
Biodiversidad: arrecifes artificiales en los muelles
Los muelles, lejos de ser simples muros de hormigón, se están revelando como refugios inesperados para la biodiversidad. Las paredes verticales funcionan como arrecifes artificiales donde proliferan algas, invertebrados y peces. En el entorno del observatorio submarino Nautilus, las estructuras instaladas ya albergan alrededor de 150 especies distintas, desde erizos y nécoras hasta pequeños bancos de peces.
Los resultados más llamativos llegan también desde Bouzas, donde el proyecto ha conseguido trasplantar con éxito praderas de Zostera, una planta marina clave para el equilibrio ecológico de la ría. Estas praderas actúan como auténticos pulmones submarinos y zonas de cría para numerosas especies, y su recuperación marca un hito en la restauración ambiental en entornos portuarios.
El análisis actual permitirá ir un paso más allá. Con un mapa preciso del estado de los sedimentos y del agua, el puerto podrá diseñar nuevas intervenciones para extender estas acciones de regeneración a otras áreas. La idea es sencilla y revolucionaria al mismo tiempo: dejar de ver el puerto como un problema ambiental y empezar a gestionarlo como parte de la solución.
Vigo quiere demostrar que bajo sus muelles puede crecer un jardín submarino. Y que el corazón industrial de la ciudad también puede latir al ritmo del mar.
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