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Editorial: ¿Cómo decías?…¿que la derecha se moviliza en las urnas y la izquierda en las redes sociales?

Bueno, pues ya no es verdad. Se acabó hacer política sin contar con los ciudadanos, desde la comodidad de las listas herméticas y hereditarias, desde el sofá del despacho de un banquero o desde la redacción de algún diario ‘sibuanero’.

Tampoco vale ya ir de campaña con la televisión amiga pegada a la chepa o esperar que los votantes se decidan por el menos malo. Parece, en fin, que sí era cierto que vivíamos por encima de nuestras posibilidades: no podíamos permitirnos esta ‘casta’ de políticos y, como nos hemos dado cuenta, hemos empezado a sacudírnoslos.

Algunos de ellos siguen creyendo – eso se empecinan en repetir públicamente- que esto es una ‘anécdota histórica’, el daño colateral de la crisis, una moda no ‘extrapolable’ a las elecciones que vienen y que, dentro de un año -cuando nos llamen para elegir concejales, alcaldes y, quién sabe si un nuevo parlamento y un nuevo Gobierno- todo se habrá olvidado.

Pero los números– como ellos mismos, unos y otros, argumentan para reducir las pensiones, para quitar recursos de la sanidad pública, de la educación, para liquidar el sistema de ayuda a la dependencia, para bajar las prestaciones por desempleo o subir el IVA- no mienten.

Este domingo han votado más personas de las que lo hicieron en 2009, entonces los dos partidos que se han repartido el Gobierno en los últimos cuarenta años, tuvieron el apoyo de 12.812.161 personas y el 81% de todas las papeletas; ayer, entre ambos, sumaron 7.670.687 votos, el 49,06% del total.

Si se ha cumplido el límite de gastos en campaña, los dos han ‘invertido’, en total, 13.880.000 €, lo que supondría que cada diputado les ha ‘costado’ 462.000 €; la formación ‘Podemos’ ha recaudado 200.000 € de los ciudadanos, porque no percibe aportación alguna de los fondos públicos, de los cuales se ha gastado en la campaña 160.000, lo que supone que lograr que Pablo Iglesias fuese elegido le ha supuesto unos 32.000 € -unas 14 veces y media menos que hacer eurodiputados a dos personas tan válidas como Gonzalez Pons o Pepe Blanco-.

Si son reales los datos de seguimiento de la campaña, ambos partidos se han quedado con el 89,9% de los minutos televisivos –además de un debate a dos confeccionado a medida-, mientras que el resto se han apelotonado en el 10,1 % restante.

No es difícil deducir que ya casi nadie les escucha- pese a que son ellos los que hablan durante el 90 % del tiempo-, les sigue la mitad de la gente que hace solo cinco años –aunque ahora ha habido más votantes, el 50 % les ha abandonado – y han dejado de creerles, ¿si no cómo se explica que hayan gastado mucho más para conseguir muchos menos escaños?

Claro que es posible que todo el mundo se equivoque, incluido Rubalcaba- hasta luego, Alfredo- y que las explicaciones acertadas sean, por mucha vergüenza que den, las de González Pons, “esto se debe a la abstención del votante de centro”, o las de Pepe Blanco, “hemos perdido menos votos que el Partido Popular”.

 

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