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Los lagartos tropicales no se dedican sólo a poner la panza al sol, además son listos, los tíos. No es que hayamos estado en el trópico, menos aún tumbados a la bartola o persiguiendo lagartos, sino que nos ha llegado la noticia de que aquella afirmación ha sido hecha tras un experimento con estos bichos en la Universidad de Duke (Estados Unidos).

Allí expusieron a lagartijas anolis de Puerto Rico a varias tareas y descubrieron que pueden aprender y recordar a la hora de resolver un problema al que nunca se habían enfrentado. Los resultados desafían la idea que tenían los biólogos de que los reptiles tienen una capacidad cognitiva limitada y pocos recursos para encontrar comida.

En las pruebas las lagartijas se encontraban con un bloque de madera con dos huecos cubiertos por una tapa, uno estaba vacío y otro contenía un gusano. Cuatro lagartos, dos machos y dos hembras, pasaron la prueba ya fuera mordiendo la tapa o empujándola hacia fuera. Los lagartos resolvieron el problema en tres intentos menos que los que necesitaron las aves para tirar de la tapa correcta y pasar la prueba: eso significa que si un lagarto comete un error, recuerda como corregirlo al día siguiente.

Además, cuando estos reptiles se enfrentan a una situación nunca antes experimentada, la mayoría son capaces de idear una manera de resolver el problema. Su capacidad de «desaprender» un comportamiento, una habilidad para la que algunas especies de mamíferos tienen dificultades, es la marca de un animal cognitivo avanzado, según añade Jonathan Losos, biólogo de Harvard.


 

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