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Vigo al día

Aparecen restos de un uniforme nazi en unas obras de O Castro

Para muestra este botón, que según un experto consultado por vigoalminuto podría ser de la guerrera de un miembro de las temidas SS, y que fue encontrado en una de las obras que se están realizando en la zona de O Castro, cerca de la controvertida cruz. No sería este el único resto del paso de las tropas de Adolf Hitler por el monte.

Y es que la estancia de los nazis en Vigo ha sido más que acreditada por nuestro compañero el periodista Eduardo Rolland en ‘Galicia en guerra’ (Edicións Xerais), y no sólo el Puerto, fue lugar de aprovisionamiento de, al menos 8 submarinos nazis,los U-29,43, 52, 77, 96, 434, 574 y 575, que operaron hasta finales de la II Guerra Mundial como parte de la operación Der Spinner, que facilitó la fuga de jerarcas del III Reich al término de la contienda.

Rolland añade que 37 U-boot fueron hundidos, en el sur de Galicia, con 1.400 tripulantes abordo y que frente a las islas Cíes, se encuentran los pecios de cuatro submarinos nazis enviados a pique por la aviación inglesa.

No fue ese el único servicio que Franco prestó a Hitler y que tendría como escenario Vigo, sino que el 26 de mayo de 1939, más de 3.800 soldados de la Legión Condor, al mando del coronel Von Richtofen (hijo del famoso Barón Rojo), que pasó a la historia por el brutal bombardeo de Guernica, zarparon rumbo a Alemania. Dos días antes, como atestigua la periodista Patricia Álvarez en Faro de Vigo, realizaron una parada militar en el centro,eran las diez de la noche y los soldados y aviadores alemanes desfilaban portando antorchas y bengalas con paso seguro y firme mientras, el inmenso gentío que abarrotaba las aceras, les saludaba brazo en alto o agitando banderas con la cruz gamada. Las ensordecedoras salvas de aplausos apenas dejaban oír los himnos que entonaban las bandas de música”. En relación con la salida de los transatlánticos en los que viajaban, Álvarez escribió que los vigueses llenaron los muelles e incluso los marineros salieron con sus barcos para acompañar a los paquebotes hasta la bocana de la Ría.

Sin embargo, Eduardo Rolland matiza aquel fervor popular , “en aquella masa humana que vitoreaba a los ejércitos de Hitler por las calles de Vigo se unían, por un lado, la fe y, por el otro, el miedo. Y más después del llamamiento realizado por el alcalde, Suárez Llanos, que publicó un bando llamando a los ciudadanos a participar, por decreto, en el desfile: ‘Los vigueses, que tienen el honor de poder testimoniar por última vez la gratitud de España a la noble Nación Alemana, acudirán todos a despedirlos’”, por ello, continúa, “quedarse en casa y no honrar a los nazis no parecía una buena idea”.


 

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