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Más divertido que el Festival Aéreo era buscar hueco para verlo

El privilegiado de la jornada.
El privilegiado de la jornada.

¿Fuiste a ver a la Patrulla Águila? ¿Estuviste en Samil? ¿Te atreviste? Pues ya nos puedes ir diciendo desde dónde disfrutaste del espectáculo, porque ya a las 9 de la mañana estaba todo colapsado y había que pedir vez para aparcar el coche, la toalla en la playa y la silla a la sombra de los árboles. No era para menos: según fuentes oficiales, unas 450.000 personas vieron el Festival Aéreo Internacional que traía como gran novedad a un grupo de paracaidistas con trajes especiales.

¿Dónde esta Wally?
¿Dónde esta Wally?
Si no hay sitio en la playa, se hace.
Si no hay sitio en la playa, se hace.

Las cifras, pueden ser. Samil estaba hasta la bandera de gente mirando hacia el cielo. Bueno, o hasta el tejado del Hotel Samil, donde algún afortunado pudo disfrutar del espectáculo en solitario, con los cazas rozándoles el cogote. Hasta 22 participantes distintos que dejaron boquiabiertos a un público que tuvo que soportar un calor digno de Levante, así que es de entender que no hubiera hueco vacío a la sombra y que los servicios de emergencia tuvieran que asistir alguna lipotimia que otra. Incluso los portugueses recién llegados en los autobuses se apostaron en la delgada línea de sombra que había en el césped que rodea el aparcamiento del Verbum en vista del llenazo total que había.

Los diseñadores de sombreros tenían una dura competencia.
Los diseñadores de sombreros tenían una dura competencia.

El que no se buscaba la vida era porque no quería. Si no hay sitio en la playa, pues nos llevamos las sillas y la sombrilla al paseo, que allí seguro que estamos como reinas. Que me da el sol, pues me pongo un folio por montera. Aunque desde luego como mejor se estaba era mojando los pies en el agua o tirado al sol, sin tener que coger tortícolis para ver el espectáculo.

Un reactor de la Fuerza Armada Americana, un zeppelin, la Patrulla Milano, el Mirage F1, Yack 52, las acrobacias de la piloto civil Melissa Pemberton y su agresividad al mando, el compás de Ramón Alonso y sus acrobacias a ritmo de música o la Patrulla Águila, viguesa distinguida, no dejaron descansar desde las 9 de la mañana hasta bien pasadas las 3.

La invitada de honor, la Infanta Doña Elena, que tras entregar la bandera a la fragata Méndez Núñez pudo disfrutar de algunos de los aviones mientras asistía al cóctel a bordo del Juan Sebastián Elcano.

Ni un hueco para poner el mantel.
Ni un hueco para poner el mantel.
Las que mejor lo vieron.
Las que mejor lo vieron.

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