Carlos Díaz | vigoalminuto
España ha perdido el estatus de eliminación del sarampión tras registrar 394 casos en 2025. La situación ha llevado a los especialistas a reclamar que se refuercen la vacunación y la vigilancia epidemiológica para evitar nuevos brotes. El problema centra parte de los debates del XIII Congreso de la Asociación Española de Vacunología (AEV), inaugurado este jueves en Vigo, donde los expertos han advertido de que la elevada capacidad de transmisión del virus obliga a mantener la guardia incluso en un país con buenas coberturas vacunales.
«Quien no se vacuna frente al sarampión es como alguien que conduce de forma temeraria: no solo se pone en riesgo a sí mismo, sino también a los demás», ha advertido Jaime Pérez Martín, presidente de la AEV. La vacunación, ha insistido, no es solo una forma de protección individual: también reduce la circulación del virus y contribuye a proteger a los bebés que todavía no pueden recibir la vacuna y a las personas con determinadas enfermedades o tratamientos que les impiden inmunizarse.
La pérdida del estatus de eliminación no significa que España haya dejado de tener una cobertura vacunal elevada. Los especialistas consideran que el reto consiste en mantener esa protección y evitar que las personas susceptibles se concentren en determinados grupos o zonas. «Tenemos unas coberturas vacunales muy buenas que hay que mantener, y eso ha evitado que el aumento de casos haya dado lugar a brotes mucho más graves», ha señalado Agustín Portela, presidente del Comité Nacional de Verificación de la Eliminación del Sarampión y la Rubéola en España.

El objetivo: alcanzar el 95% con las dos dosis
La recomendación de los especialistas es alcanzar y mantener coberturas de al menos el 95% con las dos dosis de la vacuna triple vírica, que protege frente al sarampión, la rubéola y las paperas. Ese porcentaje es una referencia para interrumpir la transmisión, pero la media estatal no garantiza que todos los territorios y grupos de población estén igualmente protegidos.
Las bolsas de personas sin vacunar o con pautas incompletas pueden facilitar la propagación del virus cuando aparece un caso. Por eso, los expertos reclaman identificar a los menores, adolescentes y adultos que no hayan completado la pauta y aprovechar los contactos con el sistema sanitario para revisar su situación vacunal.
«Este porcentaje debe alcanzarse de manera homogénea y no únicamente como promedio nacional», ha explicado Susana Rey, del Servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago. La segunda dosis permite proteger también a quienes no desarrollaron una respuesta inmunitaria suficiente tras la primera.
Detectar los casos a tiempo para evitar nuevos contagios
La vigilancia epidemiológica es el otro frente de actuación. Después de años con pocos casos, el sarampión puede no figurar entre las primeras enfermedades que un profesional sanitario sospecha ante determinados síntomas. Ese retraso puede dificultar el diagnóstico y dar tiempo al virus para propagarse.
«Cuando llevamos un montón de años en España con muy pocos casos de sarampión, los profesionales no declaran sospechas porque ni piensan en que sea esta enfermedad», ha explicado Pérez Martín. Los especialistas reclaman, por ello, mantener la sospecha clínica, investigar rápidamente los posibles casos y confirmar o descartar el diagnóstico para activar las medidas de control cuando sean necesarias.
La elevada transmisibilidad del sarampión hace que los contagios puedan multiplicarse con rapidez si el virus encuentra grupos con una protección insuficiente. La detección precoz y la investigación de los contactos son fundamentales para limitar esa propagación.
Una infección que puede causar complicaciones graves
El sarampión no es una enfermedad infantil necesariamente leve. Puede provocar neumonía, infecciones de oído y, en casos menos frecuentes, complicaciones neurológicas graves que pueden dejar secuelas permanentes. Aunque determinados problemas de salud aumentan el riesgo de una evolución complicada, también pueden enfermar personas previamente sanas.
La vacunación reduce el riesgo individual y la circulación comunitaria del virus, un efecto especialmente importante para quienes no pueden recibirla por motivos médicos. Por eso, los expertos reunidos en Vigo insisten en que mantener el control del sarampión requiere algo más que una buena media nacional: hacen falta coberturas elevadas y homogéneas, vigilancia epidemiológica y una respuesta rápida ante cada sospecha.
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