Aulas al rojo vivo: Greenpeace denuncia temperaturas extremas en colegios e institutos

La ONG utiliza cámaras termográficas en centros de cinco comunidades, entre ellas Galicia

Aulas al rojo vivo: Greenpeace denuncia temperaturas extremas en colegios e institutos
Aulas al rojo vivo: Greenpeace denuncia temperaturas extremas en colegios e institutos

Las altas temperaturas han convertido el final del curso escolar en un desafío cada vez mayor para miles de estudiantes en España. Con el objetivo de visibilizar una realidad que familias, docentes y expertos vienen denunciando desde hace años, Greenpeace ha llevado a cabo una acción en varios centros educativos del país utilizando cámaras termográficas para documentar las condiciones térmicas en las que alumnos y profesores afrontan las últimas semanas de clase.

La iniciativa se desarrolló en colegios e institutos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. A través de fotografías y vídeos térmicos, la organización ecologista ha mostrado cómo numerosas aulas y patios escolares alcanzan temperaturas que superan ampliamente los niveles considerados adecuados para el aprendizaje y el bienestar.

Las imágenes captadas por las cámaras termográficas emplean una escala cromática que va desde los tonos azules, correspondientes a las temperaturas más bajas registradas en cada escena, hasta los colores amarillos, que representan los puntos más calientes. Los resultados reflejan una situación generalizada: en todos los centros visitados se superan las temperaturas consideradas óptimas para el rendimiento académico.

Diversos estudios científicos sitúan la temperatura ideal para el aprendizaje entre los 22 y los 24 grados centígrados en climas templados. A partir de ese umbral, el rendimiento cognitivo comienza a deteriorarse progresivamente. Según las investigaciones citadas por Greenpeace, entre los 24 y los 32 grados se produce una reducción gradual de la capacidad de concentración y aprendizaje por cada grado adicional de temperatura.

La situación resulta especialmente preocupante porque, según denuncia la organización, muchos espacios educativos también sobrepasan los 27 grados, una temperatura que la legislación laboral establece como límite máximo para trabajos sedentarios en interiores.


El caso de Ourense

En Galicia, Greenpeace centró parte de su acción en un instituto de Ourense. Las mediciones realizadas muestran que las temperaturas mínimas dentro de las aulas se acercan a los 27 grados centígrados, mientras que en algunas zonas del patio sin sombra se superan los 40 grados.

Estos datos ponen de manifiesto la vulnerabilidad de numerosos centros educativos frente a episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos. La situación adquiere especial relevancia en una comunidad donde tradicionalmente el debate sobre la climatización de las aulas había tenido menor presencia que en otras regiones del sur peninsular.


Ourense, Galicia.


Greenpeace ha captado con una cámara termográfica temperaturas muy por encima de lo recomendado en centros educativos públicos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. Un ejemplo del calor que sufren el alumnado y el personal educativo durante los días de más calor en España.

La organización se suma a organizaciones del sector y exige medidas urgentes de climatización en aulas y patios. Antes olas de calor cada vez más intensas y habituales, los espacios públicos deben ser refugios climáticos para evitar los peores efectos del cambio climático en la salud de niños y niñas, especialmente vulnerables a las altas temperaturas., Greenpeace Uses Thermal Cameras to Document Extreme Heat in Spanish Schools

Riesgos para la salud y el aprendizaje

La responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace, Elvira Jiménez, advierte de que el exceso de calor no solo representa un problema de confort, sino que constituye un riesgo sanitario real.

La exposición prolongada a temperaturas elevadas puede provocar agotamiento por calor, estrés térmico e incluso golpes de calor. Además, afecta directamente a la capacidad cognitiva, reduciendo la atención, la concentración y la comprensión, factores esenciales para el proceso educativo.

Los menores constituyen uno de los colectivos más vulnerables frente a estos fenómenos. Sus mecanismos fisiológicos para regular la temperatura corporal son menos eficientes que los de los adultos, lo que incrementa el riesgo de deshidratación y otros problemas asociados al calor extremo.

A ello se suma que los niños y adolescentes pasan gran parte de la jornada en los centros educativos, tanto en espacios interiores como exteriores, coincidiendo habitualmente con las horas de mayor incidencia solar. En muchos entornos urbanos, además, la contaminación atmosférica agrava todavía más los efectos de las altas temperaturas.


Una preocupación compartida por expertos

Las reivindicaciones de Greenpeace coinciden con las advertencias lanzadas recientemente por diversas organizaciones y organismos especializados.

Tras los episodios de calor registrados durante la primavera, el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría reclamó medidas específicas para mejorar la climatización de colegios e institutos. A estas demandas también se ha sumado UNICEF España, que considera prioritario adaptar los centros educativos a una realidad climática cada vez más exigente.

La organización ecologista sostiene que la adaptación de las escuelas no puede seguir considerándose una actuación opcional. A su juicio, se trata de una cuestión vinculada tanto a la salud pública como al derecho a una educación de calidad.


El cambio climático alarga el problema

Uno de los factores que agravan esta situación es la prolongación de las condiciones veraniegas debido al cambio climático.

Según datos citados por Greenpeace, las temperaturas propias del verano se extienden actualmente unas cinco semanas más que hace décadas. Además, los episodios de calor intenso y las olas de calor comienzan cada vez antes, afectando ya a los meses de mayo y junio, y prolongándose en ocasiones hasta septiembre.

Esta realidad provoca que una parte creciente del calendario escolar se desarrolle bajo condiciones térmicas que dificultan la actividad educativa. El problema no desaparece con el cierre oficial del curso, ya que numerosos centros continúan abiertos durante el verano para acoger actividades extraescolares, campamentos urbanos o escuelas infantiles.


Las medidas que reclama Greenpeace

Ante esta situación, Greenpeace exige una respuesta estructural por parte de las administraciones públicas.

Entre sus principales propuestas figura la implantación de sistemas de bioclimatización basados en energías renovables y soluciones pasivas como ventilación cruzada, aislamiento térmico y protección solar. El objetivo es mejorar el confort térmico sin incrementar las emisiones asociadas al uso masivo de combustibles fósiles.

La organización también reclama la naturalización de patios y entornos escolares mediante la creación de zonas verdes, arbolado y espacios de sombra que permitan reducir las temperaturas y mejorar el bienestar de la comunidad educativa.

Otras medidas incluyen el desarrollo de itinerarios escolares seguros con más sombra y acceso al agua, la priorización de actuaciones en los barrios más afectados por el calor y la elaboración de planes autonómicos que incorporen auditorías energéticas, objetivos anuales de intervención, sistemas de transparencia y participación de familias y docentes.

Greenpeace considera que el actual reparto competencial entre administraciones no puede servir como excusa para retrasar actuaciones que considera urgentes. Por ello reclama una mayor coordinación entre comunidades autónomas, ayuntamientos y Gobierno central para acelerar la adaptación de los centros educativos a las nuevas condiciones climáticas.

Para la organización, el calor en las aulas se ha convertido en una de las asignaturas pendientes más evidentes de la adaptación al cambio climático en España y requiere inversiones inmediatas que garanticen tanto la salud como la calidad educativa de las generaciones futuras.


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