
Doña Ana ha celebrado este jueves su 102 cumpleaños en Vigo, rodeada de su familia y manteniendo una vitalidad que la sitúa como ejemplo del envejecimiento activo que caracteriza a Galicia, una de las comunidades más longevas de España.
Nacida en Pozaldez (Valladolid), es madre de tres hijos, abuela de cinco nietos y bisabuela. A lo largo de su vida trabajó en una fábrica de malta, donde se encargó del empaquetado, hasta su cierre. Más allá de su trayectoria laboral, su historia está marcada por una vida dinámica y social.
En su juventud, el baile fue una de sus grandes pasiones. Frecuentaba las pistas donde, según recuerda su familia, era habitual que tuviera que organizar turnos ante la cantidad de personas que querían bailar con ella. Destacaba especialmente en el vals, donde sus parejas la elevaban en los giros, aunque su estilo preferido siempre fue el charlestón. También disfrutaba de actividades como acudir con amigas a ver pasar los trenes o jugar al balón.
Hoy en día, lejos de una vida sedentaria, continúa participando activamente en las actividades del centro de día, especialmente en gimnasia y baile. Según su familia, nunca ha sido de comer en exceso y, hasta hace pocos años, utilizaba a diario la bicicleta estática. A ello se suma un componente genético relevante: su madre también superó los 100 años.
Galicia: tierra de centenarios… más bien, centenarias
El caso de Doña Ana no es aislado. Galicia se ha consolidado como una de las zonas con mayor esperanza de vida del país. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la comunidad cuenta con más de 1.400 personas centenarias, lo que representa un porcentaje superior a la media nacional.
Las provincias de Ourense y Lugo concentran buena parte de esta población longeva, especialmente en entornos rurales donde se mantienen estilos de vida tradicionales. La llamada “feminización” de la longevidad es también evidente: más del 80% de los centenarios son mujeres.
Dieta, actividad física constante y tranquilidad
Los expertos atribuyen este fenómeno a una combinación de factores que van más allá de la genética —que influiría entre un 20% y un 30%—. La dieta basada en productos frescos y locales, la actividad física moderada y constante, así como un fuerte tejido social y familiar, son claves para explicar la elevada esperanza de vida.
Además, Galicia se ha comparado en múltiples ocasiones con las denominadas “zonas azules”, como Okinawa, por la calidad de vida de sus mayores y su capacidad para mantener tanto la actividad física como la lucidez mental en edades avanzadas.
En este contexto, la historia de Doña Ana representa no solo una celebración familiar, sino también el reflejo de un modelo de vida que sigue despertando interés científico y social. A sus 102 años, su rutina activa y su entorno familiar continúan siendo, en muchos aspectos, el mejor ejemplo de esa longevidad gallega.
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