Si Davos es el lugar donde la élite mundial se reúne cada año para “salvar el planeta”, el cielo que lo rodea cuenta una historia muy distinta. Greenpeace acaba de publicar el informe Davos in the Sky, un análisis que pone cifras a una contradicción cada vez más difícil de disimular: mientras dentro del Foro Económico Mundial (FEM) se habla de crisis climática, fuera —y sobre todo arriba— los jets privados no dejan de despegar.
Según el informe, durante la semana del Foro de 2025 se registraron 709 vuelos de aviones privados vinculados directamente al evento en los aeropuertos cercanos a Davos. Traducido a un lenguaje más llano: casi uno de cada cuatro participantes llegó o se movió en jet privado, uno de los medios de transporte más contaminantes que existen.
El tráfico de aviones privados de lujo se dispara
Lo más llamativo es que la asistencia al FEM apenas ha variado en los últimos años, pero el tráfico de aviones de lujo se ha disparado. En 2024 se contabilizaron 628 vuelos, y en 2023 “sólo” 227. En apenas dos años, la cifra se ha triplicado. No porque vaya más gente, sino porque muchos asistentes entran y salen varias veces durante la misma semana, convirtiendo Davos en una especie de hub internacional de taxis aéreos para multimillonarios.
Greenpeace señala algunos casos especialmente sangrantes: vuelos cortos de ida y vuelta para dejar o recoger pasajeros, perfectamente sustituibles por tren. De hecho, la organización calcula que el 70 % de las rutas realizadas en jet privado podrían haberse hecho en tren en menos de un día. Pero claro, el tren no tiene minibar ni alfombra roja.
Emisiones de CO2
El impacto climático tampoco es menor. Un solo vuelo en jet privado desde Arabia Saudí hasta Davos puede emitir más de 42 toneladas de CO₂, lo mismo que generan de media siete personas en Europa en todo un año. Todo ello para acudir a un foro donde se debate, entre otras cosas, cómo reducir las emisiones globales.
“Es pura hipocresía que la élite más rica y poderosa del mundo discuta sobre el futuro del planeta mientras literalmente lo intoxica con sus jets privados”, denuncia Cristina Arjona, coordinadora de la campaña de movilidad de Greenpeace. La organización recuerda que estos aviones son auténticas “bombas climáticas”, pero siguen disfrutando de una regulación laxa y una fiscalidad casi inexistente.
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Jets sin límites ni impuestos
El informe se suma a otras denuncias sobre la aviación VIP. Al igual que los billetes de primera clase y clase business —que emiten entre cuatro y cinco veces más CO₂ por pasajero que la clase turista—, los jets privados operan prácticamente sin límites ni impuestos, tanto en la Unión Europea como en España.
Greenpeace reclama a la UE y a los Estados miembros que dejen de mirar al cielo solo cuando conviene y aprueben impuestos efectivos a la aviación de lujo, destinando esos ingresos a reforzar el transporte público y las políticas de justicia climática. Porque, visto lo visto, quizá antes de salvar el planeta habría que empezar por aterrizar el discurso.





