
A.I. | vigoalminuto
Ni dos años. Ese es el tiempo que han tardado los estadounidenses en pasar factura a Donald Trump y a su proyecto político. Las elecciones de medio mandato han desembocado en una derrota de dimensiones extraordinarias para el presidente y el Partido Republicano, que pierden el control de las dos cámaras del Congreso. Los demócratas han protagonizado una auténtica ola electoral que ha desbordado las previsiones y ha penetrado incluso en algunos de los territorios más conservadores del país.
El resultado supone un serio revés para Trump en la mitad de su segundo mandato y deja a la Casa Blanca frente a un escenario político completamente diferente. Los republicanos pierden su mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, dos instituciones fundamentales para sacar adelante la agenda presidencial, aprobar leyes, controlar el presupuesto y confirmar los nombramientos del Gobierno.
Adiós a bastiones republicanos…algunos durante casi cien años
La magnitud del vuelco se aprecia especialmente en el mapa electoral. Los demócratas han ganado en estados donde el Partido Republicano llevaba décadas dominando las elecciones y han derrotado a candidatos respaldados directamente por Trump. La victoria de James Talarico en Texas, Adam Hamilton en Kansas, Sherrod Brown en Ohio y Annie Andrews en Carolina del Sur simboliza hasta qué punto se ha extendido el rechazo a los republicanos.
En Kansas, Hamilton ha conseguido un resultado histórico: será el primer senador demócrata elegido por ese estado desde 1932. En Texas, Talarico ha derrotado al fiscal general Ken Paxton, candidato republicano impulsado por Trump, pese a la enorme inversión económica destinada a impedir su victoria. En Carolina del Sur, Annie Andrews ha arrebatado a los republicanos un escaño que consideraban seguro. Y en Ohio, el demócrata Sherrod Brown ha recuperado un puesto que había pertenecido al actual vicepresidente, JD Vance.
La derrota también alcanza a Carolina del Norte, donde el demócrata Roy Cooper ha ganado al republicano Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano. Son victorias que van mucho más allá de la renovación de unos escaños: reflejan la pérdida de capacidad de los republicanos para movilizar a su electorado incluso en territorios que habían respaldado ampliamente a Trump en las presidenciales de 2024.
La economía y la guerra pasan factura un presidente megalómano
El resultado electoral tiene varias explicaciones, pero dos asuntos han pesado especialmente en el comportamiento de los votantes: el coste de la vida y la guerra contra Irán iniciada en febrero. La subida de los precios de los combustibles ha agravado el malestar económico, mientras que los aranceles impulsados por Trump han alimentado la preocupación por el encarecimiento de los productos.
Los datos son demoledores: aproximadamente dos tercios de los votantes consideran que las políticas económicas de Trump han empeorado la situación del país. Una proporción similar cree que sus aranceles han perjudicado a la economía nacional o a la de sus comunidades.
A ese malestar se han sumado las críticas por la corrupción y la percepción de que el presidente antepone sus intereses personales a los del país. Más de la mitad de los encuestados cuestiona su liderazgo, sus prioridades y su capacidad para ejercer la presidencia.
Trump había convertido la campaña en un plebiscito sobre su propia figura. En sus últimos actos pidió a los republicanos que votasen como si él mismo estuviera en las papeletas. La respuesta de los electores ha terminado convirtiendo esa estrategia en un arma de doble filo.
Un Congreso convertido en contrapeso de Trump
La victoria demócrata cambia radicalmente el escenario de los dos próximos años. Con el control de ambas cámaras, la oposición tendrá capacidad para bloquear iniciativas presidenciales, condicionar los presupuestos y poner en marcha investigaciones parlamentarias sobre la Administración y los negocios del presidente.
También podrá frenar nombramientos y exigir explicaciones al Gobierno sobre decisiones que hasta ahora habían contado con una mayoría republicana en el Congreso.
La reacción de Trump tras conocerse los resultados fue intentar desvincularse de la derrota. «Yo no estaba en las papeletas y, si lo hubiera estado, habríamos ganado por goleada», escribió en sus redes sociales. Una explicación que contrasta con su propia estrategia de campaña, en la que pidió reiteradamente a sus seguidores que votasen pensando en él.
La derrota republicana tiene, además, una dimensión histórica. Desde la Segunda Guerra Mundial, el partido del presidente ha perdido terreno en el Congreso en casi todas las elecciones de medio mandato. Sin embargo, el alcance territorial de este vuelco, con victorias demócratas en estados tradicionalmente republicanos y la pérdida simultánea de las dos cámaras, convierte estos comicios en un severo correctivo para Trump.
