María L. García | vigoalminuto
El embalse de Eiras, principal fuente de abastecimiento de Vigo y de varios municipios de su entorno, afronta una situación de reservas cada vez más delicada. El alcalde, Abel Caballero, asegura que la presa está al 39% de su capacidad y calcula que quedan unos 38 días de agua «con garantía de calidad». Si no llueve, ha advertido, el próximo 2 de noviembre alcanzaría «la cota mínima de su historia».
Las cifras y el plazo son los cálculos trasladados por Caballero en una declaración remitida a los medios, sin turno de preguntas. El último dato de Augas de Galicia recogido por vigoalminuto, correspondiente a la semana anterior, situaba el embalse en el 44,65%, con 9,9 hectómetros cúbicos almacenados de una capacidad total de 22,17. En un mes había perdido casi 12 puntos porcentuales.
Caballero sostiene que, una vez agotado ese margen de agua de calidad óptima, todavía quedarían reservas para otros 57 días, aunque podrían aparecer problemas en la calidad del suministro. Su estimación dibuja un escenario de presión creciente sobre el abastecimiento si la falta de precipitaciones continúa, pero no equivale a una previsión técnica independiente sobre cuándo podrían producirse restricciones o incidencias.
La Xunta mantiene que hay agua hasta final de año
La advertencia municipal contrasta con el mensaje trasladado por la Xunta la semana pasada. Augas de Galicia afirmó que el suministro de Vigo y de los municipios que dependen de Eiras está garantizado hasta final de año, incluso en un escenario sin precipitaciones, si se mantiene la evolución reciente de las reservas y no se aplican nuevas restricciones. El Gobierno gallego señaló además que el ritmo de descenso se había moderado.
La diferencia entre ambas posiciones no se limita al porcentaje de llenado. Caballero calcula cuánto tiempo puede mantenerse el agua con calidad óptima y advierte de un posible mínimo histórico a comienzos de noviembre. La Xunta, por su parte, valora la disponibilidad de recursos para garantizar el abastecimiento hasta final de año. Son estimaciones distintas y no deben confundirse con una fecha confirmada de agotamiento del suministro.
El alcalde ha señalado también que Vigo lleva 42 días suministrando agua a Baiona. «Si no fuese por Vigo, Baiona en este momento tendría agua cero, ni una gota de agua en las tuberías», afirmó. La declaración atribuye al abastecimiento desde Vigo un papel decisivo para el municipio vecino, aunque la afirmación de que Baiona se habría quedado sin agua requiere una verificación independiente.
Una nueva presa como respuesta a la sequía
Caballero ha vuelto a reclamar la construcción de un nuevo embalse aguas arriba de Eiras, una infraestructura que asegura haber solicitado hace 15 años. Según su relato, el Gobierno de Mariano Rajoy no atendió la petición, el de Pedro Sánchez se mostró favorable y la Xunta ha impedido que avance. El alcalde considera que, de haberse impulsado entonces, la obra ya estaría terminada.
La nueva presa es una reivindicación recurrente del regidor, que defiende aumentar la capacidad de almacenamiento para reducir la vulnerabilidad del sistema ante episodios de sequía. La Xunta, sin embargo, ha insistido en que la construcción de nuevos embalses debe valorarse dentro de una estrategia más amplia de gestión del agua, en la que también considera prioritario reducir las pérdidas de la red y mejorar la eficiencia del consumo.
El alcalde ha calificado de «clamor» la demanda de esta infraestructura y ha responsabilizado al Gobierno gallego de la falta de avances. Sus declaraciones no aportan nuevos detalles sobre la tramitación actual del proyecto ni sobre un calendario de construcción.
La potabilizadora, en el centro de la respuesta municipal
Abel Caballero ha defendido asimismo el papel de la nueva potabilizadora de Vigo, cuya inversión cifra en 25 millones de euros. Según Caballero, la instalación permite mantener la calidad del agua pese al descenso de las reservas: «si no, en este momento, el agua de Vigo ya no sería de óptima calidad», afirmó.
El alcalde ha reclamado medidas a la Xunta y ha descrito la situación como una «alerta muy importante». También ha acusado al Gobierno gallego de llevar años sin adoptar decisiones para evitar el escenario actual. La disputa entre ambas administraciones se produce mientras las reservas siguen bajo presión y no hay una fecha confirmada para la llegada de lluvias suficientes que reviertan la tendencia.
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