
Vigo/ A.A.
La discusión sobre cómo garantizar el abastecimiento de agua en Vigo ha vuelto al primer plano después de que la conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, defendiera este jueves la necesidad de construir más embalses en Galicia para aumentar la capacidad de almacenamiento ante el actual contexto de sequía.
Durante una visita a la playa de Bastiagueiro, en Oleiros, Vázquez sostuvo que Galicia necesita disponer de más capacidad para almacenar agua, aunque matizó que no se trata de “llenar Galicia” de grandes infraestructuras. “En algún sitio tenemos que embalsar el agua para después tirar de ella”, afirmó.
Las palabras de la conselleira han tenido una respuesta inmediata en Vigo. El alcalde, Abel Caballero, ha recuperado la reclamación de una nueva presa aguas arriba del embalse de Eiras, en el río Oitavén, y ha defendido que la infraestructura debería haberse abordado hace años.
“Hace 15 años que yo ya le planteé a la Xunta de Galicia que había que hacer una nueva presa”, sostiene Caballero en un audio remitido a los medios de comunicación. El alcalde asegura que la petición se ha repetido durante años y considera que el área de Vigo, con más de 600.000 habitantes y una importante actividad industrial, necesita aumentar su capacidad de regulación.
Pero la historia de esta infraestructura es más compleja que el relato de una propuesta pendiente durante 15 años. La necesidad de reforzar el sistema de abastecimiento está documentada desde hace más de una década y, entre 2018 y 2022, Xunta, Concello y Gobierno central participaron en un proceso conjunto para estudiar las distintas alternativas. El problema es que las administraciones no han terminado coincidiendo sobre cuál debe ejecutarse ni sobre quién debe asumir su impulso.
2013: Eiras ya aparecía como un punto débil
El problema no nació con las restricciones actuales ni con la última sequía.
La actualización del Plan de Abastecimiento de Galicia de 2013 ya había identificado dificultades en el sistema vinculado al embalse de Eiras para cubrir las demandas actuales y futuras de Vigo y de buena parte del sur de Pontevedra.
El propio convenio que posteriormente firmaron las tres administraciones para estudiar las alternativas señala que esas dificultades podían agravarse durante los periodos de escasez de precipitaciones.
Eiras no abastece únicamente a Vigo. El sistema suministra agua a un amplio conjunto de municipios del área, entre ellos Redondela, Soutomaior, O Porriño, Mos, Salceda, Moaña, Cangas, Baiona, Nigrán y Gondomar.
La dimensión del problema explica por qué la solución no depende únicamente del Concello de Vigo. El abastecimiento implica competencias municipales, autonómicas y estatales y requiere coordinar las infraestructuras que permiten captar, almacenar, potabilizar y distribuir el agua.
2018: cuatro alternativas sobre la mesa
El 26 de octubre de 2018, Concello, Xunta y Ministerio para la Transición Ecológica acordaron encargar un estudio para determinar cuál era la mejor solución definitiva al problema de abastecimiento de Vigo.
El acuerdo no daba por decidida la construcción de una nueva presa. Precisamente pretendía comparar técnicamente las diferentes opciones.
Sobre la mesa quedaron cuatro posibilidades principales:
- Recrecer la presa de Eiras, mediante una nueva estructura delante de la existente.
- Construir una nueva presa en la parte alta del Oitavén.
- Ejecutar un trasvase permanente desde el Verdugo al Oitavén en la parte alta de la cuenca.
- Llevar agua desde el río Miño hasta la potabilizadora de Vigo.
Caballero ya defendía entonces que algunas soluciones eran más plausibles que otras por razones técnicas y económicas. Pero el compromiso entre las tres administraciones fue estudiar todas las alternativas antes de decidir.
También se analizaron las soluciones de emergencia planteadas por la Xunta para hacer frente a episodios de escasez, entre ellas una conducción desde la zona situada aguas abajo de la confluencia del Verdugo y el Oitavén y otra alternativa desde la parte alta del Verdugo.
2019: Concello, Xunta y Estado ponen dinero para decidir
El acuerdo político de 2018 se concretó en 2019 con un convenio entre el Concello de Vigo, Augas de Galicia y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil.
Las tres administraciones acordaron financiar el estudio y encargar su contratación al organismo estatal de cuenca.
El objetivo era determinar qué alternativa ofrecía mayores garantías para el abastecimiento presente y futuro, teniendo en cuenta también la evolución de la demanda y los efectos del cambio climático.
El estudio, valorado inicialmente en unos 200.000 euros, debía analizar la viabilidad técnica y medioambiental de las distintas posibilidades.
Por tanto, cuando Caballero afirma ahora que lleva 15 años reclamando una nueva presa, existe un elemento que debe ser matizado: la presa del Oitavén estaba entre las alternativas defendidas y estudiadas, pero no existía en 2018 un proyecto constructivo decidido para ejecutarla. Las tres administraciones acordaron entonces precisamente estudiar cuál debía ser la solución.
2021: la Xunta pide implicar al Estado
El debate dio otro paso en 2021, cuando la Xunta reclamó que el Gobierno de España declarase de Interés General del Estado las actuaciones necesarias para garantizar el abastecimiento de Vigo y del sur de la provincia de Pontevedra.
La petición tenía una consecuencia política y administrativa importante: las obras que podían resultar necesarias —por su coste, dimensión y complejidad— debían contar con una implicación directa de la Administración General del Estado.
La Xunta participaba entretanto en el estudio de alternativas junto con el Concello y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil.
2022: el estudio no propone solo una presa
El resultado del trabajo técnico llegó en 2022 y es una pieza fundamental para entender el debate actual.
El estudio concluyó que la solución más conveniente no consistía simplemente en construir una presa y aumentar la capacidad de almacenamiento. Planteó un conjunto de actuaciones complementarias.
Entre ellas figuraban:
- Una captación en la zona de confluencia de los ríos Verdugo y Oitavén.
- Una nueva presa aguas arriba de Eiras, en el Oitavén.
- Un sistema de bombeo desde el río Miño hasta el embalse de Zamáns.
- La duplicación del túnel de Amoedo.
- Una conexión mediante conducción por gravedad entre Nigrán y Gondomar.
La nueva presa, por tanto, sí forma parte de la solución considerada óptima en el estudio oficial, pero no constituye por sí sola la solución al problema.
El conjunto de actuaciones tenía un coste estimado de decenas de millones de euros y requería diferentes tramitaciones ambientales y administrativas.
La Xunta discrepa del estudio
La Xunta no asumió sin reservas las conclusiones.
Augas de Galicia expresó discrepancias sobre algunos de los cálculos utilizados, entre ellos las previsiones de incremento de la demanda y las estimaciones sobre las aportaciones de agua disponibles.
La principal objeción se dirigió al trasvase desde el Verdugo hacia el Oitavén. La Xunta consideró que la disponibilidad de agua en el Verdugo era demasiado limitada durante los periodos de escasez y que esa infraestructura no resolvería el problema del abastecimiento en los escenarios más desfavorables.
El Gobierno gallego también puso el foco en otro punto: la potabilizadora de O Casal, en Vigo. Según Augas de Galicia, las limitaciones de esta instalación constituían uno de los problemas más urgentes del sistema y debían abordarse antes o junto con las grandes obras de regulación.
La Xunta defendió además que las actuaciones de mayor dimensión debían ser declaradas de Interés General del Estado.
Aquí aparece una de las claves de la disputa actual: el problema está reconocido, pero las administraciones no han coincidido plenamente ni en el diagnóstico ni en la combinación de obras que debe ejecutarse.
Y ahora, 15 años después, vuelve la presa
Las declaraciones de Ángeles Vázquez han vuelto a poner todo este expediente sobre la mesa.
La conselleira ha defendido la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento de agua en Galicia ante la situación de sequía, aunque ha descartado la idea de construir embalses indiscriminadamente.
Caballero ha interpretado esas palabras como una oportunidad para recuperar una infraestructura que, según sostiene, Vigo lleva reclamando desde hace 15 años.
“Se lo repetimos hace 13 años, hace 12 años, hace 7 años. Se lo repetimos de forma continua”, afirma el alcalde. Y añade: “Ahora, con 15 años de retraso, 15 años perdidos, dicen que hay que hacer nuevas presas”.
Caballero vincula directamente la falta de una nueva infraestructura con las restricciones de consumo actuales. “No tendríamos que estar con las restricciones que tenemos en este momento si tuviéramos la presa hecha”, sostiene.
El alcalde reclama que Gobierno central, Xunta y Concello se sienten de nuevo a trabajar “mañana mismo” para impulsar una nueva presa aguas arriba en el Oitavén.
Baiona introduce otra presión sobre el sistema
El debate se produce además cuando Vigo debe afrontar nuevas necesidades de abastecimiento en su entorno.
Caballero ha anunciado que la próxima semana recibirá al alcalde de Baiona y ha avanzado que Vigo está dispuesto a colaborar para garantizar el suministro al municipio.
Pero esa ayuda tiene un límite físico: el agua debe salir del sistema existente. “¿De dónde sale ese agua? de Eiras”, afirma Caballero.
El alcalde sostiene que será necesario recuperar las reservas de Zamáns para poder atender a Baiona y añade otro problema: una posible fuga en el conducto submarino entre Vigo y Moaña.
Sobre esta cuestión, reclama una actuación inmediata de la Xunta y considera secundario el debate sobre las competencias.
“Lo que tiene que hacer la Xunta es arreglarlo inmediatamente y después ya dilucidará si es competencia del Gobierno local de Moaña o si es competencia del Gobierno autonómico”, sostiene.
Un problema que no se resuelve solo con una presa
La discusión actual puede resumirse en una cuestión aparentemente sencilla: ¿tiene Vigo suficiente capacidad de almacenamiento y regulación para garantizar el agua durante los periodos de sequía?
La respuesta de las administraciones lleva años siendo que el sistema necesita refuerzos.
Lo que no ha existido es un consenso definitivo sobre cómo ejecutarlos.
El estudio encargado conjuntamente por Xunta, Concello y Estado identificó una nueva presa en el Oitavén como una de las piezas de la solución, pero también contempló captaciones, conducciones, bombeos, conexiones entre redes y mejoras en las instalaciones de tratamiento.
La nueva presa, además, no puede construirse únicamente porque una administración la reclame políticamente. Necesitaría superar los correspondientes procedimientos técnicos y ambientales y determinar su financiación y encaje administrativo.
Por eso la cuestión que vuelve ahora al debate no es simplemente si “hay que hacer una presa”. Es más concreta: qué parte del sistema de abastecimiento necesita Vigo, qué obras deben ejecutarse primero y qué administración está dispuesta a ponerlas en marcha y financiarlas.
Después de años de estudios, acuerdos y discrepancias, la presa del Oitavén vuelve al centro de la discusión justo cuando la falta de agua vuelve a convertirse en un problema tangible para Vigo y su área.
La diferencia respecto a 2018 es que ahora existe un estudio técnico que ya ha analizado las alternativas. Lo que falta es convertir sus conclusiones —o una alternativa distinta que las administraciones acuerden— en decisiones, proyectos y obras.
Y esa es la pregunta que dejan sobre la mesa las declaraciones de la conselleira y la respuesta del alcalde: cuánto tiempo más puede Vigo seguir dependiendo de un sistema cuya vulnerabilidad se conoce desde hace más de una década sin ejecutar todavía la solución estructural.
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