
La frontera sur de Europa continúa siendo escenario de una tragedia humana de enormes dimensiones. Un total de 1.317 personas han perdido la vida entre enero y mayo de este año cuando intentaban llegar a España por vía marítima o terrestre, según el último informe de la ONG Caminando Fronteras. Entre las víctimas figuran al menos 142 mujeres y 129 niños.
Detrás de estas cifras hay naufragios, desapariciones y familias enteras de las que nunca más se vuelve a tener noticia. En apenas cinco meses, 27 embarcaciones desaparecieron sin dejar rastro con todas las personas que viajaban a bordo.
Aunque el número de fallecidos es inferior al registrado en el mismo periodo del año pasado, cuando murieron 1.865 personas, la realidad que reflejan los datos es inquietante: las rutas migratorias son ahora más peligrosas y mortales para quienes intentan alcanzar territorio español.
Menos llegadas, pero más riesgo de morir
Las llegadas irregulares a España han descendido de forma significativa durante el último año. Sin embargo, la reducción de migrantes que alcanzan las costas españolas no se ha traducido en una caída proporcional de las muertes.
La relación entre ambos indicadores revela una situación preocupante. Mientras en 2025 fallecía uno de cada ocho migrantes que conseguían llegar, este año la proporción se sitúa en un muerto por cada seis llegadas.
Para las organizaciones que trabajan sobre el terreno, este dato evidencia que cruzar las fronteras hacia España se ha convertido en una actividad todavía más arriesgada.
Canarias sigue siendo la ruta más mortal
La ruta atlántica hacia Canarias continúa encabezando la lista de tragedias. Desde principios de año han muerto al menos 635 personas intentando alcanzar el archipiélago.
Considerada una de las rutas migratorias más peligrosas del planeta, obliga a recorrer cientos de kilómetros de océano abierto en embarcaciones precarias, expuestas a temporales, averías y largas derivas.
Los datos reflejan una paradoja: mientras las llegadas a Canarias han caído más de un 70%, las muertes no se han reducido al mismo ritmo. Esto significa que las posibilidades de fallecer durante la travesía son ahora mayores que hace un año.
La ONG apunta además a las dificultades de coordinación en las operaciones de búsqueda y rescate entre España y Marruecos como uno de los factores que continúan generando retrasos en la localización de embarcaciones en peligro.
La ruta argelina dispara las alarmas
Por primera vez, la ruta que conecta Argelia con Baleares supera las 500 víctimas mortales en apenas cinco meses.
En total, 507 personas han perdido la vida en este corredor migratorio, una cifra que supone un incremento superior al 50% respecto al mismo periodo del año anterior.
Traducido a términos diarios, significa que una persona muere cada siete horas intentando alcanzar las costas españolas desde el norte de África.
Muchos de estos fallecimientos se producen relativamente cerca de Baleares. En los últimos meses se ha repetido el hallazgo de cuerpos en distintas zonas del litoral mediterráneo, una situación que refleja el elevado número de embarcaciones que naufragan durante la travesía.
Aumentan las muertes en Ceuta y el Estrecho
La presión migratoria también sigue dejando víctimas en otras rutas.
En el Estrecho de Gibraltar, donde numerosas personas intentan alcanzar a nado la costa o el entorno de Ceuta, el número de fallecidos prácticamente se ha duplicado durante este año, pasando de 52 a 99.
Especialmente preocupante es la situación en la frontera terrestre de Ceuta. Durante los primeros cinco meses de 2026 se han documentado 48 muertes vinculadas a intentos de acceso por la valla fronteriza, frente a ninguna en el mismo periodo del año anterior.
Se trata de la cifra más elevada registrada en una frontera terrestre española desde la tragedia ocurrida en Melilla en junio de 2022.
También la ruta de Alborán muestra un empeoramiento significativo. Aunque sigue siendo la que menos víctimas acumula, las muertes han aumentado de tres a 28 en apenas un año.
Una crisis que no desaparece
Las organizaciones humanitarias insisten en que el descenso de llegadas no puede interpretarse como un éxito si continúa aumentando el riesgo para quienes emprenden estas travesías.
La falta de vías legales y seguras para migrar, la utilización de rutas cada vez más largas y peligrosas y las dificultades en las operaciones de rescate siguen situando a miles de personas ante una elección dramática: quedarse en contextos de pobreza, conflicto o persecución, o jugarse la vida en el mar.
Mientras tanto, las cifras continúan creciendo. Más de 1.300 muertos en apenas cinco meses equivalen a una media superior a ocho fallecidos al día. Una realidad que se repite año tras año en las fronteras españolas y que sigue convirtiendo el Mediterráneo y el Atlántico en dos de los corredores migratorios más mortales del mundo.
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