Donald Trump volvió a situarse este domingo en el centro de la polémica internacional tras publicar en su red social, Truth Social, una imagen manipulada de un supuesto perfil de Wikipedia en el que aparece como “presidente interino de Venezuela” desde enero de 2026. El gesto, lejos de ser anecdótico, refuerza una estrategia comunicativa basada en la provocación y la confusión deliberada.
La publicación llega acompañada de una serie de declaraciones grandilocuentes y amenazas verbales dirigidas al actual liderazgo venezolano. Trump aseguró que espera viajar a Venezuela “en algún momento” y reunirse con Delcy Rodríguez, a la que califica como presidenta encargada, al tiempo que advierte de posibles represalias si no se produce una cooperación plena con Estados Unidos.
En declaraciones a la prensa, el mandatario recurrió de nuevo a un tono triunfalista y deshumanizador, describiendo la detención de Nicolás Maduro como una rendición personal y evitando ofrecer detalles verificables sobre su situación actual. Tampoco faltaron acusaciones maximalistas, con referencias a narcoterrorismo y a cifras de víctimas sin respaldo comprobable.
Difusión de contenidos manipulados
El episodio se completa con mensajes de apoyo de figuras republicanas cercanas, que celebraron el encarcelamiento del exmandatario venezolano con un lenguaje burlón y punitivo. Todo ello configura un relato político construido más para el impacto mediático que para aportar claridad o rigor.
La difusión de contenidos manipulados por parte de un presidente en ejercicio, unida a amenazas abiertas y a la banalización de conflictos internacionales, vuelve a poner en cuestión los límites institucionales, la responsabilidad del poder y el respeto al derecho internacional. Más allá del ruido, el protagonismo vuelve a recaer en una figura que convierte la política exterior en espectáculo, con consecuencias imprevisibles.

