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Científicos de la Universidad de Santiago constatan que la contaminación nos afecta desde los romanos, hace 2000 años

En unos momentos en los que la contaminación de nuestro entorno es una realidad cada vez más palpable para todos
nosotros, investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, en colaboración con expertos internacionales, han podido constatar el impacto de la acción del ser humano ya desde época romana.

«La contaminación ambiental lleva afectando a la vida de las personas durante más de 2000 años», tal y como pone de manifiesto el estudio de esqueletos de época romana y medieval en el noroeste de la península, que ha permitido a estos expertos trazar la impronta de la contaminación que la explotación de los metales en época romana provocó en la población gallega y probablemente de toda la Península Ibérica.

El estudio, recientemente publicado en la revista Science of the Total Enviroment, está liderado por Olalla López Costas, junto con Noemi Álvarez Fernández y Antonio Martínez Cortizas, investigadores del grupo EcoPast de la Universidade de Santiago de Compostela, y un elenco de colaboradores de Suecia, Reino Unido, Alemania y Bélgica y ha permitido descubrir hasta dónde llega la huella de la contaminación en periodo romano.

“La minería y la metalurgia masivas de esos siglos se reflejan a la perfección en los huesos de las personas que vivieron en ese ambiente contaminado”, explica la directora de la investigación, Olalla López Costas, que destaca la presencia de plomo y mercurio en los esqueletos analizados en la necrópolis de A Lanzada.

Altos contenidos en plomo y mercurio

“Los habitantes de época romana tenían contenidos de plomo y mercurio dos veces superiores a los de la época medieval inmediatamente posterior, con independencia de la edad o el sexo de los individuos”, lo que implica que toda la población estuvo sujeta a esta contaminación y que ésta llegaba principalmente por vía aérea, sin relación estrecha por tanto con sus modos de vida o alimentación.

Esta investigación ha permitido confirmar, además, lo que ya revelaron en su tiempo los registros de metales tóxicos (como el plomo) preservados en las turberas del Xistral (Lugo): el período romano representó un clímax en la contaminación atmosférica debido a la intensa actividad minera y metalúrgica que tuvo lugar en el noroeste, como en las Médulas, y otras regiones de España.

La contaminación se queda en los huesos

El estudio destaca que la contaminación por metales pesados como plomo y mercurio afectaría a toda la población. “La contaminación, y en especial la de los metales, tan dañina para nuestro cuerpo, es una consecuencia de la actividad humana y lleva afectándonos desde sus inicios.

«Es el precio que llevamos pagando. Hay individuos romanos que presentan hasta un 85% del plomo de sus huesos proveniente de contaminación, mientras que en época medieval cuando baja la actividad también disminuye la señal en los esqueletos. Todo esto en un yacimiento alejado de los grandes focos de la minería como es A Lanzada”, explica López Costas.

El precio a pagar desde el inicio de los tiempos

Este estudio demuestra que en cualquier tiempo pasado siempre hubo un coste a pagar por lo que llamamos civilización y éste afectaba a todas las personas. Este trabajo, buque insignia de un proyecto sobre el efecto de la contaminación por metales en el pasado en Europa que dirige Olalla López Costas de la Universidad de Santiago de Compostela, desvela además que los huesos arqueológicos son un archivo directo de los cambios ambientales.

En la actualidad, en el grupo EcoPast, se están realizando dos tesis doctorales, una sobre mercurio en huesos humanos y otra sobre plomo en huesos animales de diversos periodos, para avanzar en el conocimiento de las repercusiones de la contaminación atmosférica.

La importancia del yacimiento de A Lanzada

Una vez más, «la necrópolis de A Lanzada, objeto de numerosos estudios previos, demuestra su gran peso para explicar el pasado galaicoromano». En esta ocasión los investigadores se han valido de los restos óseos hallados en las dos áreas de enterramiento, una de época romana y otra medieval, que cubren un periodo continuo de enterramiento de 700 años, algo único en la Península Ibérica.

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