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Foto: Miguel Núñez.
Foto: Miguel Núñez.

JOSÉ MANUEL PENA/ Uno de los problemas que más preocupa, actualmente, a cualquier ciudadano de nuestro país es la falta de empleo y el paro, principalmente el juvenil. Uno de cada dos jóvenes españoles no tiene empleo y ya se conocen popularmente como la “generación perdida” al no haber muchas perspectivas de que puedan encontrar puesto de trabajo a largo plazo.

La triste realidad es que el desempleo de los jóvenes, entre los 16 y 24 años, alcanza el 42,9% de desempleo, la mayor tasa de Europa y más del doble de la Unión Europea. Algunos organismos internacionales ya reconocen que España está aún peor que los países de la Europa del Este y que el Gobierno pese a gastar 30 millones de euros para hacer frente al desempleo, éste dinero hace muy poco por preparar a los jóvenes para el futuro.

Por eso señalar que tenemos una juventud sin futuro no es faltar a la realidad si tenemos en cuenta de que siempre entran en un círculo vicioso: “no trabaja porque no tiene experiencia y nunca adquiere experiencia porque no trabaja”. En muchas ocasiones, las diferentes administraciones públicas y empresas privadas, no les ofrecen el cuidado necesario para promover su formación y crecimiento intelectual, menospreciando su falta de experiencia, asimilando ésta únicamente con la antigüedad laboral. Lo paradójico es que no podemos olvidar que tenemos la juventud más preparada, de las últimas décadas, y con menos posibilidades de empleo.

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