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Chernobyl celebra su aniversario más triste

Podría haber pasado desapercibido si no fuera porque todo lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima ha hecho revivir los viejos fantasmas del pasado. Chernobyl celebra hoy los 25 años desde la catástrofe nuclear que afectó a millones de personas y cuyas secuelas todavía serán visibles durante 60 años más. Sólo hay que recordar que los incendios del pasado verano en la zona hicieron aflorar vapores perjudiciales para la población que se siguen filtrando por las grietas del sarcófago con el que se selló el reactor que explotó el 26 de abril de hace ya un cuarto de siglo.

Fue el mayor accidente nuclear de la historia y de él se aprendieron lecciones importantes como que es fundamental aislar las zonas potencialmente contaminadas, aunque casos como el de Fukushima hace que los Gobiernos de todo el mundo se vuelvan a plantear eliminar la energía nuclear del mapa.

Qué sucedió

El problema ocurrió durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico que salió mal: un aumento súbito de potencia sobrecalentó uno de los reactores de la central y provocó una explosión de hidrógeno. Se calcula que cantidad de uranio, boro, europio y demás sustancias radiactivas liberadas fue 500 veces mayor que las de la bomba de Hiroshima, lo que sirve para hacerse una idea del desastre. En la explosión murieron dos operarios y después se inició un proceso de descontaminación, contención y mitigación en unas 600.000 personas y se aisló un área de 30 kilómetros alrededor todavía vigente.

Consecuencias

Las más graves, por encima de los grandes daños materiales, para la salud de los habitantes. El principal riesgo a largo plazo es la aparición de cáncer, sobre todo de leucemia y tumores de tiroides, pulmón, gastrointestinales o de mama, como demuestran los estudios llevados a cabo con supervivientes de la tragedia y que lo sucedido en Japón podría ayudar a hacer más precisos. Además, el riesgo de sufrir cáncer de tiroides infantil es entre 3 y 8 veces mayor que en circunstancias normales.

Los elementos radiactivos tienen una vida media larga, sobre todo el cesio y el estronio, que pueden permanecer en el medio ambiente durante décadas. Y, aunque el yodo radiactivo tiene una vida media de sólo 8 días, si se absorbe a través de las glándulas tiroides con alimentos o agua puede provocar importantes daños.

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