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JOSÉ MANUEL PENA/ Cada vez escuchamos más y más promesas de las diferentes formaciones políticas, prueba evidente de que se acercan unas elecciones. Actualmente, en la precampaña para las elecciones locales, la mayoría de los partidos coinciden en sus programas electorales, casi todos dicen y prometen lo mismo y lo único que les diferencia es el talante, el compromiso y la seriedad de sus líderes o los miembros de las listas con las que concurren a las mismas.

Sin duda, como dice nuestra Constitución, los partidos políticos expresan el pluralismo político y son un instrumento fundamental para la participación política, sin ellos difícilmente podría existir un Estado democrático y de derecho pues son la máxima expresión de la soberanía popular. No obstante la mayoría, por no decir todos, los políticos profesionales viven alejados de la realidad social cotidiana y de los problemas que les afectan a los ciudadanos que representan y a los que tienen que rendir cuentas cada cuatro años.

Hablar de política, en muchas ocasiones, es síntoma de intereses creados para favorecer a un grupo o sector de la población determinado en detrimento de la mayoría social que es la que sufre y vive, más de cerca, la crisis económica y social por la que estamos atravesando; con cerca de cinco millones de parados y con una gran parte de nuestros jóvenes que se ven obligados a salir del país para poder subsistir sino quieren malvivir con los 420 euros y bajo el amparo de sus progenitores. Ojalá estas próximas elecciones sirvan para que los elegidos se vuelquen en mejorar o por lo menos paliar muchas de las carencias que padecen demasiados ciudadanos indefensos y que sufren su situación con la poca dignidad que les queda.

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