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Sólo quedan 50 trabajadores tras la rotura del muro de contención de un reactor en Fukushima

La radioactividad se ha disparado en Japón. Los últimos acontecimientos no ayudan a volver a la normalidad: una réplica del terremoto de 6,4, nuevas explosiones en la central nuclear de Fukushima, ampliación del perímetro de exclusión total y fuga radioactiva que en un principio el viento está llevando hacia el mar, lo que podría hacer que afecte a otros países de Asia o incluso a Estados Unidos.

La explosión en el reactor número dos de la central nuclear ha causado daños en su cubierta y una segunda explosión de hidrógeno en el reactor 4 causó un pequeño incendio que liberó radiación a la atmósfera y los niveles de radiación alrededor de la planta ya son de 400 miliSievert por hora, aunque la Compañía Eléctrica de Tokio ha informado de que los niveles de radioactividad en la zona se han disparado a 8.217 microsievert por hora, ocho veces la cantidad anual a la que se encuentra expuesta una persona.

Por eso, el perímetro de exclusión total alrededor de la planta ya es de 30 kilómetros y de los 800 trabajadores que intentaban solucionar los problemas ya sólo quedan 50. Ahora la intención es meter agua a la piscina de combustible nuclear del reactor, que ha quedado al aire tras los dos agujeros de 8 metros cuadrados en el muro exterior del edificio que dejó la explosión y que servirán para la inyección de líquido desde un helicóptero.

Los operarios continúan inyectando agua de mar sobre los reactores para paliar la falta de líquido refrigerante, aunque al final las barras de combustible han quedado expuestas, disparando el riesgo de una fusión parcial. En todo este caos, los técnicos han encontrado un defecto en el contenedor del reactor número 2, en la sala utilizada para pasar el vapor a líquido. La otra opción sería intentar acercar a la zona coches de bomberos para inyectar el agua a través de los agujeros de las paredes.

El Gobierno japonés ha hecho restricciones en su espacio aéreo de otros 30 km alrededor de la central nuclear, mientras las compañías aéreas europeas y asiáticas ya no sobrevuelan Tokio y desvian los aviones hacia el sur de la isla. De momento los vientos están alejando la radioactividad hacia el mar, lo que tendrá también sus riesgos en caso de lluvia, ya que afectaría al medio marino y se introduciría en la cadena alimenticia.

La población

Los habitantes de la prefectura de Fukushima llevan días encerrados en sus casas por recomendación de las autoridades, con las ventanas cerradas y escuchando las noticias por la radio. Pero no hay agua corriente ni combustible. Miles de personas se han convertido en refugiados en inmuebles improvisados o han tenido que recurrir a familiares y amigos mientras otras familias lloran a los 3.600 muertos oficiales o buscan a los más de 8.000 desaparecidos.

Mientras, la Federación Internacional de Motociclismo ha decidido aplazar hasta el próximo 2 de octubre el Gran Premio de Japón que se tenía previsto disputar en Motegi el 24 de abril. Ha sido a petición de los promotores, que han anunciado que el terremoto ha dañado algunas de las estructuras del circuito, con fisuras en el asfalto. Ya el año pasado este Gran Premio sufrió lo indecible por culpa de la Madre Naturaleza, en esa ocasión por el caos aéreo que provocó la erupción del volcán islandés Eyjafjalla.

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