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Políticos prescindibles frente a Ciudadanos 3.0

Foto: Gonzalo Baraja.
Foto: Gonzalo Baraja.

JUAN MANUEL VIDAL*/

La retórica es el arte de convencer con la palabra, y es la principal herramienta que emplean los políticos para embau… perdón, convencer a los ciudadanos de que sus dicterios se corresponden con las necesidades de sus votantes y de que luego presuntamente se ejecutarán en acciones…que tendrán su contrapartida en votos.

Los políticos insisten en hablar con el conocimiento expreso de la calle, como representación del sentir popular, donde los votos son como cheques en blanco que los ciudadanos extendemos como aval del crédito que piden los políticos para llevar a cabo su programa. Pero éstos, subidos en su púlpito, tienden a alejarse cada vez más de los ciudadanos conforme los últimos perciben que los hechos no siempre se corresponden con lo prometido.

En medio o al final de las legislaturas, se producen las conversiones de un color o tendencia hacia otra, por lo general, diametralmente opuesta como manifestación expresa de rechazo, porque las abstenciones y los votos en blanco o a opciones minoritarias, no hacen sino acrecentar a los mayoritarios, salvo que el trasvase sea masivo y por tanto insufle de ánimo a algún que otro aspirante.

Es entonces cuando los oídos de los políticos vuelven a escuchar el sonido de la calle, vía encuestas, entrevistas, opiniones aleatorias, publicados oportunamente por los mass-media. Rugen entonces los tambores, las negociaciones, los acuerdos, las promesas, los besos a ancianas y niños, los debates de confrontación directa, las comparecencias en prensa…

Los globos-sondas suelen desinflarse; las aceras suelen rematarse; la gasolina tiene a bajar; los impuestos se frenan; las normas restrictivas se vuelven laxas; los bares cierran más tarde; los chicos vuelven a hacer botellón; los ciudadanos libres del mundo continúan moviéndose sin limitación, sobre todo cuando tienen derecho a voto; se refrescan esos proyectos que nunca se cumplieron porque ahora sí…

Las consecuencias

El problema que los políticos querrían erradicar es lo que los ciudadanos llamamos “vida”, que es el transcurso cotidiano de los días o espacio intermedio entre el nacimiento y la muerte, y que está salpimentado de infinitas decisiones, medidas, posturas, acuerdos, leyes, imposiciones…que otros toman por nosotros por nuestro supuesto bien.

Que un romano votara a Berlusconi por la incertidumbre política-económica-social de Italia, no implica que deba asumir los presuntos escándalos erótico-festivos de su “cavalieri”, pero es que esos no aparecen en el programa, salvo que alguna dama muy muy muy afín al personaje, sea libremente designada como asesora, en cuyo caso el asunto ya toma otro cariz, pues implica a la ciudadanía toda en las extravagancias de su líder carismático.

Que un ateniense designara a Papandreu como socorrista de una nave a la deriva, no la hace cómplice en la falsedad de los datos aportados por el primero a la Comisión Europea sobre el estado de sus cuentas, lo que luego justificó el rescate de tropecientos mil millones que ha sentado al ciudadano medio griego como uno…..sí, pero profundo.

Que un español ignorara la realidad financiera que se cernía sobre su cabeza y sufragase al ínclito presidente electo, Rodríguez Zapatero, sólo es debido a la ocultación expresa de una constatación que ya se presagiaba desde 2005 pero que se negó sistemáticamente para lograr la reválida, aunque fuera a la baja. Pero ello no nos convierte en cómplices sino en sometidos, engañados, por los cantos de sirena de un bello discurso carente de fondo, como el tiempo se está encargando de demostrar, con las improvisaciones propias de un nefando comandante en jefe sin brújula.

Los ciudadanos, llegados a este punto, reclamamos a nuestros políticos. Por fortuna, vivimos en regímenes democráticos que nos amparan en los derechos fundamentales, sin necesidad, como los vecinos del sur mediterráneo, de inmolarnos a lo bonzo para llamar la atención, si bien en el caso de Túnez pareció ser la chispa que hizo saltar la dictadura encubierta de Ben-Alí, protegida desde París por el no menos ínclito Sarkozy.

Lo malo de los ciudadanos con el deber de exigir y el civismo de participar activamente en pro de sus semejantes, es que van muchísimo más allá que la normalidad. Acaban pidiendo el respeto a los derechos humanos internacionales en el Sahara, en Rusia, en Guantánamo, en China, compren o no esos países deuda externa; el cumplimiento de las cuotas de contaminación y respeto al Medio Ambiente, sean o no inversores en territorio patrio; o el simple equilibrio de fuerzas, por medio de ayudas, para los mas necesitados del Tercer y Cuarto Mundo, y no solo en pro de esquilmar sus recursos naturales o venderles armas para factibles guerras tribales.

Son los mismos políticos que un día hicieron campaña en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestra región, en nuestro país; que salieron en nuestros periódicos, en nuestros informativos jurando por su conciencia y honor que respetarían y harían respetar los derechos y libertades individuales…etc., etc., etc.

Sin embargo, con lo que no contaban era con el hartazgo generalizado, fruto de una globalización mal explicada o mal implantada. Nos hicieron creer que este término suponía la fe en los semejantes, que todos nos ayudaríamos y seríamos buenos… pues no. La Globalización que nos han querido vender ha puesto a las claras las máximas diferencias jamás vividas entre ricos y pobres, entre desarrollados y subdesarrollados, entre norte y sur, entre avanzados y atrasados, entre técnicos y rústicos… Los primeros disfrutan de las ventajas y los segundos las padecen, así que, de equilibrios, nada de nada, lo que alimenta la hartura del ciudadano cívico universal. 

Este último es el gran protagonista del incipiente siglo, pero es un protagonista cultivado, conocedor de sus derechos, interesado en crecer como miembro de una colectividad, no como ser aislado, con acceso a toda la realidad, viajero y con capacidad inmediata de comunicación planetaria con solo un golpe de ratón, que mañana será de conciencia…

Este ciudadano se ve libre de ataduras, no es el retorno al salvaje del que hablaba Zola en Germinal, sino un estado muy avanzado en el que ya no harán falta políticos, porque ya nos habremos cansado de sus corruptelas, de sus pensiones vitalicias, de sus imposiciones, de sus reelecciones victimistas… Cuando alguien se da cuenta de que no le haces el eco ante sus pejigueras, deja de gimotear… Tras excesos de normatividad, el ser libre pide espacio, su Lebensraum, el espacio vital que citaba Ratzel, para allí disfrutar de sus películas, sus archivos de audio, sus conversaciones, sus libros, sus reuniones y quien sabe si sus mítines, sus cumpleaños, sus bodas, etc.

Un buen ejemplo de este modelo de ciudadano son los conocidos como Anonymous. Son una legión de ciberactivistas que se mueven en la Red. Abogan por la transparencia, la libertad de expresión y los derechos humanos. Se esconden detrás de máscaras, carecen de líderes. Entre sus acciones destacar el “hackeo” de las webs oficiales de Túnez, después de que un joven se quemara “a lo bonzo” como medida de protesta contra el régimen de Ben-Alí. A finales de año atacaron a las empresas que cerraron el grifo a Wikileaks. Se autodefinen como un movimiento germinal, profundamente libertario y de contornos abiertos.

Del mundo 2.0, dicen los que saben que nos ha traído la interactividad a medio gas y las redes sociales, y hablan de nuevas órbitas 3.0 que abarcan la transformación de la red en una mega base de datos, un movimiento para hacer los contenidos accesibles por múltiples aplicaciones non-browser, el empuje de las tecnologías de inteligencia artificial, la web semántica, la Web Geoespacial, o la Web 3D.

En esa dimensión ya no habrá cabida ni para Berlusconis, ni Papandreus, ni Zapateros y mucho menos SINDE´s que no ven o no quieren ver lo que muchos percibimos con absoluta claridad o lo que será, pero ellos no quieren que veamos…y sin embargo vemos… En palabras de Galileo “e pur si muove”.

*Juan Manuel Vidal es sociólogo y periodista

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