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ritual_deudaJOSÉ MANUEL PENA/ En los últimos tiempos está de moda hablar de crisis y quejarse de las dificultades por las que atraviesa nuestro país. En la calle los que se quejan constantemente son los más afortunados, los que consiguen mantener su puesto de trabajo con suculentos salarios, algunos funcionarios, empresarios con una más que estimable cuenta de resultados, los que quieren comprarse su segundo o tercera vivienda y en general los simpatizantes y afiliados a los partidos de la oposición al gobierno de turno.

Los que casi nunca se quejan son los que cobran los 420 euros al mes de paro, los pensionistas de 700 euros al mes, los trabajadores mileuristas, las amas de casa de familias humildes y con varios miembros en paro, los parados de larga duración que se tienen que conformar con no salir de casa ni ir de vacaciones par poder pagar el arrendamiento o la hipoteca de sus viviendas habituales.

¿Hay crisis? Claro que la hay, y a unos les afecta más que a otros. Para muchas familias, que viven al día, siempre la hubo porque nunca quisieron aprovecharse de las ayudas y subvenciones públicas. Ahora, por parte de algunos, se dice que peligra el estado del bienestar: pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad, educación…, pero no por culpa de esas familias sino por la irresponsabilidad de quienes disfrutando de un estimable poder adquisitivo se aprovecharon del Estado para incrementar su patrimonio personal a costa de la mayoría de ciudadanos. Ya está bien de tanta hipocresía y miremos algo más allá de nosotros mismos, que el Estado adopte las medidas oportunas para evitar el fraude y la economía sumergida que tanto abunda y enriquece a unos pocos: los que siempre se quejan.

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