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El Lector

Anónimos sin rostro

JOSÉ MANUEL PENA/ Todos andamos por la cuerda floja de las circunstancias, es muy fácil caer en una situación de exclusión social que nos deja como único patrimonio la propia dignidad y la experiencia de la vida. En España hay más de 30.000 personas sin hogar, que viven prácticamente en la calle, en Alemania son unas 500.000, en Francia 200.000…, ¿qué hacen los diferentes gobiernos europeos vanagloriándose de la «sociedad del ocio» y permitiendo estas situaciones de marginación y exclusión social?

La impotencia para torear la vida y afrontar la permanente adoración al dinero, la carencia de recursos o la misma soledad, lleva a muchas personas a caer en lo más hondo de la miseria humana, la marginación y la exclusión social. La mayoría se sienten culpables de ser «perdedores y enfermos» cuando en realidad quien padece estas dolencias es la propia sociedad de consumo, por ello quizás el sentimiento de culpa se inventó para evitar el superávit de triunfadores.

Ningún ser humano es ilegal. Ningún papel ha de ser más valioso que una vida. Las calles de la mayoría de nuestras ciudades son un hervidero de inmigrantes que viven alguna situación de exclusión social, todos nosotros somos responsables, aunque en demasiadas ocasiones prefiramos mirar hacia otro lado. En los últimos tiempos crece el número de desheredados que carecen de techo y de lo mínimo para subsistir, son personas como nosotros que en algún momento lo tuvieron todo y ahora carecen de lo más básico. ¿Qué hacen los poderes públicos y nuestros políticos, con sueldos millonarios y suntuosos patrimonios, para garantizar un puesto de trabajo, un salario social y el acceso a una vivienda digna para todos sus ciudadanos?

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