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Emma Fernández y sus mujeres reinan en el Centro Social Caixanova

Emma Fernández presenta en el Centro Social Caixanova en Vigo la exposición ‘Reinas de Occidente’, que recopila una serie de catorce piezas de colecciones anteriores que fueron recientemente expuestas en el CAF (Centro Andaluz de la Fotografía y de la Imagen) y otras once de más reciente creación, que continúan con la narrativa que la artista mantiene desde hace tiempo sobre la figura como género.

Emma Fernández Granada, asturiana (Gijón, 1961), está afincada en Madrid desde 1974. Licenciada en Bellas Artes, en la especialidad de pintura, por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce como dibujante y diseñadora gráfica desde 1987. Inicia su singular andadura artística a través de colaboraciones con medios e instituciones entre los que cabe mencionar El País, El Mundo, Cambio 16, FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros), Fundesco, Banco Santander Central Hispano, TELOS (Telefónica)… Ha realizado exposiciones en instituciones como la Fundación Mapfre, Fundación Telefónica, Fundación Kutxa, Obra Social y Cultural de Cajastur, Casa de Colón, Fundación Vela Zanetti, Fundación Museo Evaristo Valle, Centro Andaluz de la Fotografía y de la Imagen y Obra Social Caixanova, entre otras, y ha estado presente en diversas ferias de arte internacionales, como Estampa, Art-Madrid o Berliner Liste. 

En palabras de la autora: 

“Abordo mi discurso desde la figura femenina, por la empatía -pulsión estética- que me suscita, y por lo que de universal y arquetipo tiene. La mujer es cualitativamente curva, sugiere llena/o, abierta/o, dinámica/o, movimiento. Orienta la forma hacia la fluidez. Permite introducir la sensualidad del barroco y el misticismo literario del romanticismo en un mismo tándem, abusar del detalle y de las armonías rítmicas, y depositar en ella una gran tensión expresiva. Se presta al gesto lúdico de vestir o desnudar, para descubrir la carnosa manifestación de lo humano bajo lo excesivo de su ropaje, que funciona en este caso como tabú por lo que prohíbe y esconde, provocando un incremento de valor en la narrativa. Me permite, y lo va a seguir haciendo, jugar con las múltiples profundidades de sus volúmenes, entendidos como dimensiones que se ocultan o emergen en un plano ilusorio. Es la mirada, la mía o la ajena, la que arroja en estas formas significados concretos”.

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