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Kinder no es alemán

Posted by on Feb 16th, 2012 y archivado abajo En Zig Zag. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

Una ventana abierta al blog personal de José Yuste Frías, profesor de la Universidade de Vigo y miembro del Grupo T&P, Traducción y Paratraducción. Porque la traducción va más allá del lenguaje…

La manipulación de la imagen, conlleva no sólo implicaciones simbólicas, sino también, ideológicas, políticas, sociales y culturales que influyen enormemente en la presentación final de los productos de cualquier proceso de traducción. Tal y como ya he hecho de forma mucho más extensa en un artículo publicado en una prestigiosa revista internacional que se edita en Brasil desde 1983 (Trabalhos em Lingüística Aplicada), voy a utilizar objetos cotidianos y aparentemente tan banales como pueden ser los distintos estuches de las tabletas de Kinder Chocolate, para intentar demostrar, en este Blog de Investigación T&P, hasta qué punto la imagen en traducción no es universal.

La lectura e interpretación de la imagen en traducción debe tener siempre en cuenta las condiciones y los efectos de su recepción en las estructuras simbólicas de la cultura de llegada. Cultivar el sentido de la mirada del traductor resulta ser esencial a la hora de leer e interpretar la imagen. Sólo aquellos paratextos icónicos cultivados por la mirada lectora e interpretativa del traductor se convierten en imagen para traducir. Es la mirada del traductor la que hace que toda imagen se constituya en espacio que debe explorarse en un encargo de traducción. Es el sentido de la mirada del traductor lo que permite desvelar los imaginarios implícitos y explícitos. Desde la noción de paratraducción como fundamento traductológico, la imagen puede ser considerada en traducción como un paratexto icónico cuya lectura e interpretación simbólicas requieren de una cierta disciplina metodológica paratraductiva a la hora de cultivar el sentido de la mirada del traductor.

Cada vez que he podido, he ido recopilando en mis prácticas de campo las distintas paratraducciones que de la imagen del niño modelo Günter Euringer aparecen en los estuches de la conocida marca de chocolate Kinder al constatar que siempre había pequeñas diferencias de un país a otro. Si consideramos que, en este caso, el texto es la propia tableta de chocolate (el producto) y el  paratexto el estuche (el envoltorio), cabe preguntarse por qué se han elegido producciones paratextuales materiales diferentes según fueran las áreas culturales donde se iba a comercializar el producto. Para poder responder a dicha pregunta, empecemos por mirar (que no ver) la imagen «original» construida en el paratexto formado por el estuche de la marca Kinder Schokolade  . El punctum principal de la lectura e interpretación de esta entidad iconotextual se sitúa alrededor del rostro del niño situado a la derecha del estuche donde se puede contemplar un niño de 7 ó 8 años, rubio aunque no mucho, bien peinado con las orejas y nuca despejadas, los dientes tan blanqueados como el blanco del lavado de su polo para mostrar una sonrisa tan artificial como falsa y las mejillas prominentes como recién salidas de una operación estética. Elementos todos que paratraducen la felicidad algo artificial de una infancia inconsciente, llena de salud y felicidad, alimentada a base de leche mañana, tarde y noche. El perfil de un niño primero de la clase y también preparado para cualquier actividad deportiva que se le cruce por el camino (las rayas rojas del cuello del polo resultan ser muy «deportivas»). En definitiva, el niño perfecto. Kinder en alemán quiere decir «niños». Estamos ante el chocolate con leche «alemán» que les gusta a todos los niños del mundo y que puede comerse en forma de barritas (tal y como aparecen en el estuche), de barra o de huevo sorpresa. Por mucho que los niños no alemanes se comen el chocolate Kinder sin preocuparse demasiado por el origen de su procedencia, lo cierto es que en Alemania se percibe como el chocolate del niño alemán, del deutsches Kind y, en el imaginario del consumidor alemán, comer chocolate Kinder es como comerse, en pequeñas dosis azucaradas, el alma alemana hasta lograr parecerse al modelo del niño que aparece en el estuche.

[…]

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