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Francisco Ayala entra en la inmortalidad

Posted by on Nov 3rd, 2009 y archivado abajo Cultura. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0. Puedes saltar al final y dejar una respuesta. Pinging no est actualmente permitido.

Francisco AyalaFrancisco Ayala ha muerto en Madrid a los 103 años. Según una nota difundida por la Fundación Ayala, el escritor sufrió un empeoramiento de salud hace unos días  del que no ha podido repornerse. Ayala, que pese a su edad era un fijo en las terrrazas y calles madrileñas, donde le gustaba pasar las últimas horas de la tarde con amigos, gozaba de un buen estado físico para una persona de su edad que le ha permitido estar activo prácticamente hasta su último minuto de vida.

Sus restos mortales serán trasladados al tanatorio Parque de San Isidro, de Madrid, donde serán velados y posteriormente se procederá a su incineración en una ceremonia privada.

Un español universal

Francisco Ayala nació en Granada en 1906 y se trasladó a Madrid con 16 años para estudiar en la actual Universidad Complutense. Se licenció en Derecho en 1929 y ese mismo año, se trasladó a Alemania para cursar Filosofía Política y Sociología doctorarse en Leyes en 1932. En 1933, accedió a la cátedra de Derecho Político y Municipal Comparado y no abandonó su puesto hasta el inicio de la Guerra Civil en 1936.

En su etapa universitaria, comenzó a desarrollar su expresión literaria, publicando sus primeras novelas, ‘Tragicomedia de un hombre sin espíritu’ (1925) e ‘Historia de un amanecer’ (1926), ‘El boxeador y el ángel’ (1929) y ‘Cazador en el alba’ (1930).

 Durante la II República, Ayala contribuyó a la formación del sistema legislativo del nuevo régimen después de aprobar las oposiciones a letrado de las Cortes en 1932. Dos años después, fue designado para ocupar la plaza de jefe de Administración Civil de tercera clase y oficial quinto de la Secretaría del Congreso de los Diputados.

En mayo de 1936, se desplazó a Hispanoamérica para participar en un ciclo de conferencias que le llevaría a viajar por Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile; pero, después del alzamiento del ejército nacional el 18 de julio, abandonó esta labor y regresó a España para ponerse al servicio del Gobierno republicano.

Dos meses después de su regreso, el Ejército nacional fusiló a su padre, Francisco Ayala Arroyo, y a su hermano Rafael

 En 1937, abandonó la escritura de forma momentánea y fue enviado a Praga (actual República Checa) en misión diplomática. Un año después, regresó a España para incorporarse al Ejército republicano como soldado en la Comisión Topográfica del noreste del país, aunque en junio de ese mismo año ingresó en el Servicio de Investigación Militar.

 El 12 de julio fue nombrado secretario general del Comité Nacional de Ayuda a España y  se instaló en Barcelona, desde donde realizó frecuentes viajes diplomáticos con el objetivo de reunir fondos y apoyos para la manutención del Ejército republicano, que se veía abocado a la derrota. Los esfuerzos de Ayala no se vieron enteramente recompensados y, el 6 de febrero de 1939, huyó a Francia después de la caída de la II República.

En abril, viajó desde París a La Habana (Cuba) y el 10 de agosto se desplazó a Buenos Aires (Argentina), donde permaneció hasta diciembre de 1944. Durante estos cinco años, colaboró en la redacción del diario ‘La Nación’ y revistas como ‘La Ley’, ‘Cuadernos Americanos’ o ‘Sur’. Entre sus publicaciones, figuraron ‘Diálogo de los muertos. Elegía española’ (1939), reseñas de autores como Jorge Luis Borges y diversas traducciones.

 Asimismo, formó parte del Instituto Argentino de Filosofía Jurídica y Social, impartió cursos en ateneos y universidades y trabajó para la editoriales ‘Losada’ y ‘Sudamericana’, en donde llegó a dirigir la elaboración del ‘Diccionario Atlantic’. Durante esta época, compaginó todas estas ocupaciones con la escritura y, en 1944, publicó ‘El Hechizado’.

   En enero de 1945, se instaló con su familia en Rio de Janeiro (Brasil), donde permaneció durante un año impartiendo clases de Sociología en la universidad de la ciudad. La estancia de Francisco Ayala en Brasil se prolongó hasta diciembre, cuando decidió volver a Buenos Aires. El autor habitó de forma ininterrumpida en la capital argentina hasta 1950.

Durante su segunda estancia en este país, fundó la revista ‘Realidad’, en la que colaboraron algunos de los principales autores de su época. A su vez, cultivó sus facetas como investigador (‘Tratado de sociología’, 1947) y escritor (‘Los usurpadores’ y ‘La cabeza del cordero’, 1949), una dualidad que se prolongaría el resto de su vida. 

   En 1950, se trasladó a Puerto Rico, donde fundó la revista ‘La Torre’ y fue nombrado catedrático de Sociología en la Universidad de Río Piedras. Un año más tarde, creó la colección ‘Biblioteca de Cultura Básica’ de esta universidad, asumió la dirección de su ‘Servicio de Publicaciones’ y regresó a Europa por primera vez desde 1939. 

   Ayala permaneció en Puerto Rico hasta 1957, momento en que decidió trasladarse a Estados Unidos, donde impartió clases de Literatura Española en la Universidad de Princeton (New Jersey). En septiembre de 1958, se incorporó a la Universidad de Rutgers (New Jersey) como profesor de Lenguas Románicas y continuó impartiendo clases en esta institución a pesar de ser contratado un año después por el Bryn Mawr College (Pennsylvania).

   En 1960, viajó a España por primera vez desde el inicio de su exilio, aunque no se estableció definitivamente en el país hasta finales de los 70. Durante estas dos décadas, Ayala alternó su tarea de profesor de Lenguas Románicas en las universidades de Nueva York y Chicago con viajes esporádicos a su país natal y a la ciudad de Buenos Aires.

   Ya en España, el intelectual publicó el primer volumen de sus memorias (Recuerdos y olvidos’, 1982); ingresó en la Real Academia Española (1984); consolidó su presencia en la vida cultural del país mediante la publicación de artículos en diarios y se casó con la hispanista Carolyn Richmond, con quien mantenía una relación desde 1973.

 Entre sus obras de ficción más reconocidas se encuentran ‘La cabeza del cordero’ (1949), ‘Los usurpadores’ (1949), ‘Historia de macacos’ (1954), ‘Muertes de perro’ (1958), ‘El fondo del vaso’ (1962) ‘El as de bastos’ (1963) y ‘El jardín de las delicias’ (1971).

 También cultivó el ensayo –‘Introducción a las ciencias sociales’ (1952) y ‘El escritor en la sociedad de masas’ (1956), entre otros– y la crítica literaria –con obras como ‘Reflexiones sobre la estructura narrativa’ (1970) o ‘El escritor en su siglo’ (1990)–.

   Asimismo, Ayala reflexionó sobre otras disciplinas artísticas y, en concreto, destacan sus estudios sobre la influencia del cine –‘Indagación del cinema’ (1929) o ‘El cine, arte y espectáculo’ (1969)– y las figuras de diversos directores e intérpretes. 

   A lo largo de su carrera, Ayala cosechó numerosas menciones por la calidad semántica y formal de sus obras, entre los que se encuentran el ‘Premio de la Crítica 1972’, el ‘Premio Nacional de Narrativa 1983’ y el ‘Premio de las Letras Españolas 1988’. A su vez, se alzó con dos de los galardones más importantes del ámbito cultural internacional, el ‘Premio Cervantes 1991’ y el ‘Premio Príncipe de Asturias’ (1998).

   En sus últimos años de vida continuó impartiendo conferencias y recibiendo menciones y galardones, como la medallas de oro del Congreso y el Senado (2006) por su labor durante la II República. En 2009, el poeta Luis García Montero publicó la biografía ‘Francisco Ayala. El escritor en su siglo’, en donde narra las vivencias del escritor granadino a través de sus decisiones más relevantes.

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